No se puede decir, que sea hija del capricho consumista, me ha costado solo diecisiete euros, pero en este caso, el importe es lo de menos(o lo de más en el caso de haber sido un depauperado patológico), lo importante, como buen amante de la cocina, y en la búsqueda en este caso más específico de una olla o método de cocción que me asegurase, que me iban a quedar unas alubias como las que comí en mi añorado y más reciente viaje a Asturias.
No os podéis imaginar la de cosas que he leído y prácticamente estudiado en estos días acerca de la puta olla y sus métodos y maneras de cocción, y me llegado a soñar y oler los nirvanas prometidos de las cocciones y cocinas de las abuelas(aunque en este caso, y modestias aparte, probablemente, hace años que cocino mejor de lo que nunca cocinaron mis abuelas, que cocinaban de lujo, pero que os voy a decir, tengo un arte)
Lo primero que preparé, fueron unas costillas en adobo con patatas, las costillas carnosas, el adobo canónico, las patatas, la mejor selección, partidas en cachos, rotas al final, como manda la mejor tradición para que queden los caldos trabados y el aroma lo impregne todo. Toda una noche cociendo a baja temperatura, una noche de mal dormir, de levantarme a ver el milagro que estaba aconteciendo, en la (puta) olla, y bueno, yo que soy un fiel encomendado a mis sentidos, no sentí ni en olor ni en colores, nada que me entrañase emoción.
Es más, cuando palpé las patatas, patatas, como ya os he dicho de calidad, y las noté duras, inclusos con visos de correosa, una cantidad de caldo excesiva y las costillas deslavazadas entre tanto desconcierto, sentí una terrible desazón de corazón engañado, de las promesas soñadas que al final, como la cita con la chica siempre soñada, y que luego descubres vulgar en la conversación, chabacana en los comportamientos y que encima te hace un sexo mediocre, tan mediocre como su existencia, que idealizaste en una borrachera de un fin de semana, en los diez minutos, que la viste en el pasillo de ir al baño.
No quise caer presa del desánimo, leí más y mejor, vi que las patatas, no quedan bien en la cocción baja que es mejor alta, y bla bla bla. Realmente, las costillas tampoco estaban muy allá, pero bueno, les concedí el beneficio de la duda. Ya os lo he dicho, cocino como los (putos) ángeles, pero no lo sé todo de todo, por lo cual, siempre hay que ponerse en duda y cómo no, volver a probar.
La prueba, en este caso, definitiva, yo compré la olla, básicamente para comer buenas fabadas y buenos cocidos de alubias, tan esquivos cuando los hago en cualquiera de las otras cazuelas, que dispongo en la casa. Compré la mejor alubia, con DOP, con fecha de recolección que certificaba su frescura. El compango más asturiano que L'Angliru, el agua mineral, de mineralización muy débil por supuesto, el remojo, largo, prolongado, casi catorce horas. esta vez nada podía fallar.
Cuando me he levantado minutos antes de las siete de la mañana, a sus ya siete horas de cocción de la fabada, el panorama, para mi desolador, un caldo nada trabado, y a la legua se veía que la faba no estaba cocida, dureta, de recién puesta a fuego casi vaya, y las carnes, sin haber traspasado sus jugos al caldo, deslavazado por supuesto, y de sabor nada, una putísima mierda todo.
He preparado un café, le he subido la potencia a la olla, y me he dispuesto, armado de valor, a no perder la batalla, más que nada porque el puto pack del compango y las fabas, ha salido por diez pavos y oye por ese dinero se puede comer mucha lata de fabada, si con mucha grasa, pero perfecta de textura y sabor. A las nueve horas de cocción, es decir exactamente antes de ponerme a redactar esto, las he testeado, he tenido que rectificar de sal, las alubias, unas desechas y otras aun duras, el compango, sin interactuar con el resto de la olla.
Conclusiones
Al menos que cambie mucho la cosa, y me temo que no va a cambiar, los milagros en la cocina no existen, la olla la voy a descambiar, lo dicho, no es por el dinero, han sido diecisiete miserables euros, joder, de un puto capricho que me doy, pero no me gusta tener trastos por tener, y tampoco me gusta que me tomen el pelo. A ver cuando la coma, igual mi opinión, ha sido precipitada y funesta, pero me temo que no.