Sigo viendo la serie de Netflix, la omnipresente cadena que de un tiempo a esta parte, se ha convertido en una parte ineludible(que no imprescindible) en nuestras vidas. Me gusta Barbara Lennie, no me desagrada Inma Cuesta, muy mal se tiene que dar la serie para no gustarme, pero por encima de sus protagonistas, pues la serie engancha y entretiene, dicho sea.
No voy a hablar de la trama, porque es muy reciente la serie y no quiero destripársela a nadie, pero digamos un detalle de importancia, es el peso del libro y el autor a su vez del guion de la serie(ya sabemos que muchas veces el estar basado no garantiza fidelidad al original, aunque hay excepciones, como el Padrino, que lo mejoran).
Carlos Montero, no confundir con el poeta, es el creador, viene de Elite y Física y Química, y que queréis que os diga, tiene mucho de ellas, sobre todo de Élite, con sus virtudes, pero sobre todo sus defectos. Este autor, persiste en revivir un tiempo de la adolescencia, de la liberación sexual, del consumo de drogas y el dejarse llevar como forma de vida, que los demás participantes, con su aquiescencia(tenía que decirlo), permiten, no sé que queréis que os diga, no me la creo.
Produce un cierto hartazgo, la verdad estas tramas de adolescentes, como protagonistas y eje de una realidad en la que los adultos, solo parecen meras comparsas que añoran esa vida e intentan en pálidos reflejos de la caverna de Platón seguir imitando, bueno, es una ficción y es el leitmotiv del autor. Su mérito tiene pergeñar una trama, con cierto sentido, que te la compren, la rueden y con actores de prestigio, su mérito tiene y más cuando tu paja mental siempre subyace. Entretiene, la verdad.
Lo de la serie, viene al hilo del dormir, al igual que Dark, me transmitía desasosiego, y GOT me hacía dormir como un cachorro, esta serie, me despierta sin estar relacionado claro está, la idea de la fragilidad del ser humano, y su corto e impredecible transitar. Esta noche, sin ir más lejos, desde las cinco de la mañana despierto, al menos las cinco horas circundantes, las he dormido de forma adecuada, luego he probado parte de la rutina, no ha funcionado, el no meter la leche, y la susurrante voz de Isabel Coixet, termina demandado más mi atención(por el respeto) más que imbuyéndome en el sueño que buscaba, que le vamos a hacer, habrá que vivir con ello.
En el frío de la mañana, con mi café y mi papilla matutina, me ha venido un deseo enorme de tabaco, en particular, una calada, la primera calada de un paquete de Camel recién abierto y con una frescura relativa. Llevo no se, como cuatro años sin fumar, después de un periodo de casi otros seis años y así, el fumar es una rutina escasa y leve en mis últimos quince años, aun así, la he maldecido por exquisita por ausente.