A veces la vida te da sorpresas, limpiando en casa un poco más profundamente, en esas tardes que oscurece tan pronto, con la linterna del móvil,miras y ves, si, es su brillo característico. Entre debajo de la cama y los dos sofás del salón, tres euros cuarenta. Bastante más rendimiento que la mayoría de los bancos y sin pasar por caja.
Respire, tras la emoción, tenía que decidir en dónde invertir, tan pingües beneficios,me duché, me puse ropa limpia, y distribuí el dinero en los bolsillos del Jean, en el izquierdo el inesperado la calida recompensa de la casa por mi fidelidad al espacio. En el derecho, el disponible, el dinero de las compras el exiguo resto que me quedaba hasta final de mes, ese que empieza a partir del día diez.
Mi lado racional me empujaba a juntar ambas cantidades y sumar alguna proteína extra al condumio, mi lado irracional, sólo pensaba en dulces y pasteles, por ese dinero no daba para algo más que una porción de tarta o al alguna palmera tuneada de estas que tanto se estilan, crema,coco,yema tostada,kinder,huesitos,pantera rosa, los sabores pasaban por mi cabeza en ráfagas que identificaba a duras penas el paladar.
Decidí salir a la calle a ver si el aire fresco de la tarde me ayudaba a tomar una buena decisión, pollo,pasteles,cervezas artesanales, todos esos pensamientos se arremolinaban haciéndome sentir vértigo ante el vendaval de posibles bifurcaciones que se me abría.
Recorrí, confuso varios supermercados y pastelerías, miraba embobado sin decidirme, creo que en medio de la confusión repetí varios establecimientos, la hora de cierre, se me echaba encima, llegué hasta estar en una cola con una bolsa de dulces de esos que venden a granel, dos bolsas de menestra congelada y una barra de mortadela de kilo, recupere la razón, huí del super creo que alguien me dijo algo, necesitaba aire, fuera en la calle, el frío quemaba como un punzón atravesando el costado, gimotee,creo que empecé a llorar, corrí a refugiarme a mi casa, me quité la ropa, y arrojé las monedas,lejos de mi, a la sucia inmundicia que habita bajo los sofás, repire más tranquilo, mi pulso se calmó, la claridad, volvió a mi cabeza, una vez más en la batalla contra el capitalismo, había salido victorioso.
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