Al final, desperté por segunda vez a las ocho y cuarto de la mañana, de forma más o menos natural. Esta vez he podido contra la migraña, me ha costado un tiempo, pero he conseguido poder tener una media calidad de vida para hoy. Os pongo en antecedentes.
Ayer por la mañana, como muchos otros lunes, después de un domingo con algún que otro exceso, solo tomé el café por la mañana, bueno también una naranja para estimular la eliminación de residuos(que fino me ha quedado). Fue una mañana muy intensa, mucho estudio y mucho trabajo, terminando el dichoso escrito de oposición, atendiendo consultas.
El dolor hizo acto de presencia a media mañana, me tomé un paracetamol, y parece que pude con él, se convirtió en una pequeña rémora, sin más problema, perfectamente soportable. Almorcé lo que viene a ser mi desayuno habitual, un café con leche y la papilla mañanera y me dispuse a dormir un rato de siesta del cual ya desperté en mitad de una terrible(y olvidada) pesadilla.
La tarde, fue para ir resolviendo esos pequeños flecos del lunes, sabía que mi cuerpo no estaba para gimnasio, y además había ido el domingo, así que me forcé a dar un paseo en busca de los 10.000 pasos, que bueno, llegué a los 9.000 pasos, con bastantes cuestas y un podcast muy revelador de la mano como no de Pau Ninja.
Al llegar a casa, el dolor fue haciéndose cada vez más intenso, pasé de tomarme una pastilla y busqué distraerme con la serie de los lunes, Deudas, que me hizo pasar un buen rato, aunque la terminé de ver a duras penas. A las cuatro de la mañana, el dolor insostenible me hizo despertarme.
Opté por la solución de urgencia, papilla de leche edulcorada con avena y algo de frutos secos, por supuesto un ibuprofeno oral, un rato de desconecte hasta que me empezó a hacer efecto el medicamento, y los cascos, un disco de Ismael Serrano, y esta vez sí, el éxito de despertarse a las siete lo justo para apagar el despertador, acariciar al reclamante Eko y seguir durmiendo hasta las ocho y cuarto. Pequeños éxitos.