Los días se apelmazan como si fueran solo uno, un sordo rumor que crece y crece dentro de ti. Es como un bombeo de un corazón alternativo, que primero apenas lo sientes, una pequeña pulsión como en la zona inferior de la muñeca, pero va creciendo y creciendo de tal forma que termina ahogando el latido verdadero de tu corazón.
El gimnasio, es mi centro lúdico, un lugar, donde te tienes que sentir fuerte. Aunque vaya a horas que no hay casi nadie, la imagen que veo de mi, es de aquel que fue con casi cincuenta kilos más en el ya lejano Octubre de 2019. Tengo tres camisetas de esa fecha, talla 2XL, negra, azul y gris. Las recuerdo porque en ese mismo final de mes, me las llevé al pueblo. Es el momento de tirarlas.
Sí tirar las camisetas, al contenedor de ropa, por si se le puede sacar algún provecho, por parte de alguien, aunque sea para hacer negocio. Yo haré lo que creo que debo hacer, ya en la ética de los demás, intentaré no meterme. ¿Soy el único que a pesar de todo, se sigue sintiendo gordo? El otro día, en la playa, paseaba sin camiseta, por el tema del sol, procesar el máximo de vitamina D posible, protegerse, sabes, lo que toca.
El chaval, me miró por un momento, el suficiente, para hacerme sentir incómodo, de nuevo gordo, muy gordo, aunque probablemente me mirase por otra cosa, por el pelo, por la mochila, o por las carnes descolgadas por falta de tiempo físico de acabar mi obra. El tema, es que aunque lo intente, sigo pensando en ello cada segundo de estos puñeteros días.
Ahora me ha dado por las ensaladas, un mundo fascinante, de ensaladas fantásticas. Es importante incidir en la importancia de comer alimentos crudos, llevo tres de momento, simplemente fantásticas. Me hace muy feliz la senda que sigo, a pesar de las lógicas dudas y del daño que puedan hacer, los que tienen la curiosa capacidad, lo sé es culpa mía, de poder hacerlo.