No me gusta aparecer por aquí para decir que no estoy bien, pero a veces es necesario soltar un poco el peso para poder seguir. Si me han notado ausente, es porque simplemente no podía más.
Ha sido una temporada durísima. Entre los apagones que parecen no tener fin, el calor insoportable que te roba el sueño y tener que volver a lo básico, como cocinar con carbón cuando el cuerpo ya no te da para más, me fui vaciando. La frustración se te mete en los huesos, y llega un momento en que la energía no alcanza ni para encender el teléfono.
Se me acabaron los datos y, aunque parezca algo menor, fue como si me cortaran el último hilo que me unía a la realidad de este lado. Me quedé en la miseria de la rutina, tratando de resolver cada minuto sin perder la cabeza.
Hoy vuelvo porque, aunque el cansancio sigue ahí y las cosas afuera no han cambiado mucho, necesitaba sacar esto. Escribir es mi forma de recordarme que, a pesar de todo, sigo aquí, sigo intentándolo y que mi voz todavía tiene un espacio, incluso entre tanto caos.
Gracias a los que siguen ahí, aunque yo haya estado en silencio.