Comenzó a llover mientras la cortina de humo apenas se formaba.
Esa noche había aceptado ir con unas amigas a un bar para tomar cervezas y probar suerte en conseguir whiskey. Tenía tiempo que no salía con ellas, éramos tres chicas dispuestas a cualquier cosa.
Entramos al bar entre risas y no tardamos en llegar a la barra a pedir nuestra primera rodar. Miro alrededor para ver si hay una mesa libre pues quedarme en la barra no era una opción para mí, cuando lo veo. Él era rubio, ojos verdes, alto y, joder, podía notar a lo lejos que le encantaba el gimnasio. Ya una vez las tres en una mesa él no dejaba de mirarme, y yo estaba encantada con tal atención que me hacía falta desde hace un tiempo. Mis amigas no dejaban de bromear con tal asunto hasta que él se acercó a la mesa, me invito a bailar y encantada acepte.
Sonaba una canción lenta pero fluida como un lago en calma. Me agarro por la cintura y yo por lo hombros. A medida que nuestros cuerpos se movían al ritmo de la suave música nos íbamos acercando más y más. Él se movía tan bien, hacia que mi cuerpo latiera de deseo hasta que mi cabeza descanso sobre su pecho.
Una vez terminada la canción me llevo hasta la barra.
- ¿Qué quieres tomar? - preguntó. Y yo no perdí mi oportunidad de tomar mi trago favorito.
- Whiskey - dije con mi mejor sonrisa. - Buena elección querida - dijo mientras daba un golpecito en mi pierna - dos Buchanan´s - le dijo a la mesera. Yo la verdad no podía estar más feliz.
- ¿Cómo te llamas? - pregunto.
- Matias, ¿Y tú?
- Leslie - le dije, aunque no era cierto.
Nos habían traído nuestros tragos y de uno pasamos a dos, tres hasta que entre tanta divertida charla puso su mano en mi mejilla dijo que hermosos cristales azules tienes en tus ojos parece tuvieras un río allí, no pude evitar sonreír y él aprovecho para acercarse un poco más a mí llevando su mano hacia atrás de mi cabeza prosiguió es irónico con las llamas de tu cabello rojo. Sin dejar que siquiera suspirara me beso, fue un beso suave que detuve antes que pasara a más apasionado, así que le digo con menos tacto y nada de poesía No crees que hay mucha gente aquí. Sin más que decir él se apresuró a pagar la cuenta mientras yo me dirigía a la mesa donde estaban mis amigas a buscar mi chaqueta.
- ¿A dónde vas? Recuerda que tienes novio - dijo alguna de las dos. Nunca supe cual pues estaba tan deseosa en ese momento que solo les dirigí una risa traviesa.
Me fui sin despedirme. Matias me esperaba afuera, a mí y al taxi. El taxi llego antes de que pudiéramos dirigirnos la palabra y sin más me monté.
Ciertamente tenía novio pero no me importaba, aunque lo acababa de conocer recibí la atención que no he tenido desde hace mucho tiempo, además de los cumplidos. Sabía que era solo por esa noche pero lo necesitaba, aunque fuera vacío. Hace tiempo mi novio está más distante conmigo, me esforcé con caricias alegrarlo y solo recibí desprecio. Hasta que me canse y lo deje así, a ver si se arreglaba solo.
- Llegamos - dice Matias, y me ayuda a bajar del auto - ¿Estas bien? – me pregunta.
- Si, estoy bien – no quería arruinar el momento diciéndole que en todo el camino no podía dejar de pensar en mi novio.
Cuando reaccione me di cuenta que estábamos en el mejor hotel de la ciudad, nunca en mi vida había entrado a tal lugar. Sin más, pidió una habitación por un día. Ya una vez en la habitación no tenía mucha paciencia, me asegure que las ventanas estuvieran cerradas.
- ¿Fumas? – le pregunte dispuesta a más
- A veces, aunque ahorita no tengo ningún cigarro
- Yo tengo – respondí. Me encantaba que no tuviera porque así fumaríamos los míos que además de nicotina tenían hierba.
Tocan la puerta, era servicio al cuarto y traían champagne. No me pudo parecer más perfecto y para Mati cualquier cosa. Después de un rato de reír con el champagne saque los cigarrillos. Comenzó a llover mientras la cortina de humo apenas se formaba. Y cando me di cuenta estaba en ropa interior recostada en un sillón frente a la cama, encima de la cama estaba Mati viéndome tal cual fuera un cordero. La verdad, la idea de ser un cordero me encantaba.
Ya en mi nota, me dirigí a la cama y tal cual animal que camina en cuatro patas me acerque a mi presa. Desde ese momento en adelante fue una explosión de placer, nos besamos hasta el alma. Cabalgue como nunca, tanto que después del encuentro me apodo amazona.
Salí casi inmediatamente después que él se durmiera, pues no podía quedarme el día allí. Tengo novio pensé, ¿Por cuánto? Me respondió la voz en mi cabeza. Sin embargo, deje mi número de teléfono en la mesa al lado de la cama. Después de todo en mi relación solo hay un te amo interminable.