Jugábamos en el patio de UNEARTE como chiquillos de secundario, dejábamos las máscaras en los salones, los maestros dejaban las evaluaciones, y sin camisa nos retábamos en la cancha. Éramos felices, las autoridades de las oficinas burocráticas de la universidad de las artes se atormentaban con los gritos de nuestros goles. Carlitos dejaba las críticas y se driblaba a unos cuantos, Rafael el jugador sonriente de la nariz de payaso, Adriana la única mujer y representante de la facultad de danza del equipo, cogollo el más caimán, Christian un gran cerebro, Arnaldo todo un señor, Ricardo el único que realmente jugaba profesional, y Johan el que se partió la "pata" mientras jugaba descalzo, quizás se me escape alguno. No había forma de prohibirnos el juego, incluso Diana intento detenernos, por miedo a que un Dromio o un Antífolo se lesionara y no saliera a la función, pero la fiesta del fútbol entre estos artistas vagos no había quien la detuviera. Algo de ese ritual nos poseía cada tarde, quizás era la única manera de ver la “Vinotinto en el mundial”. A veces se escapaba el balón y había que correr entre los autos para rescatarlo, porque el balón es lo más sagrado en una caimanera callejera. Esos instantes de la cancha eran realmente la eternidad, en secreto cada uno pensaba que sería para siempre, pero todo en este universo es hijo de lo efímero, y con el pitazo final la mayoría nos fuimos del país, no hubo espacio para el tiempo extra, el gol de oro lo guardamos en una maleta para imaginarlo ante de dormir. A veces pienso en ese día donde el balón se escapó por la carretera y fue atropellado por un auto, la pelota estalló, y adentro era como una especie de trapos inútiles, nos mirábamos desconcertados como niños perdidos. Hoy es como ese día, el país es un balón que fue atropellado, y los niños que jugaban no saben repararlo, resignados entienden que el juego terminó…NO IREMOS AL MUNDIAL UNA VEZ MÁS (ESCRITO CON PREMURA MIENTRAS VEO LAS FOTOS DE AQUELLOS JUEGOS)