Todo tiene su final nada dura para siempre, como la belleza externa que al pasar los años poco a poco lo vamos perdiendo solo queda la belleza interna. Muchas veces nos aferramos a cosas que dejarían de ser algún día y no nos enfocamos en alistar todo lo necesario para tener un final feliz. Nuestro cuerpo, el trabajo, los estudios, la profesión, los negocios, todo ello tendrá un final y el no comprenderlo nos lleva a la frustración, los hijos no siempre estarán con los padres, un día se casaran y formaran otras familias, los amigos un día nos dejaran, por esta razón debemos vivir una vida agarrado de la mano de Dios, dando lo mejor de nosotros en su tiempo, hasta que abandonemos esta vida.
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