Ya ha transcurrido un momento y como es de esperar empecé a escuchar como se quiebran las hoja con cada paso, el sonido se hace más notorio mientras más te me acercas. No voy a voltear, solo espero ese abrazo cálido por la espalda y ese beso en el cuello que sé que me darás. Ya estás justo detrás de mí, y mi corazón se me quiere salir del pecho, parece que fuera la primera vez, ya tragué saliva una vez y estoy a punto de hacerlo otra vez, pero esas manos al rededor de mi cintura hace detener todo, hasta mi respiración, esas manos que no son las tuyas, ese olor que no es el tuyo, ahora mi corazón se aceleró, pero no de la misma forma en la que tú lo aceleras, sino de miedo. Quise gritar, pero ese golpe en mi cabeza me ahogó la voz y desvaneció la fuerza de mi cuerpo. Estoy siendo arrastrada, mi pierna van abriendo camino entre las hojas secas, no puedo gritar, el mundo me está dando vueltas, lágrimas empieza a salir de mis ojos pues sé que vendrá lo peor. Mi cuerpo desvanecido e impotente es lanzado sobre una cama hecha de ramas y apenas puedo ver el rostro borroso de alguien que se me acerca y me da otro golpe, no tan fuerte como para que no se me apaguen por completo las luces por de este infierno, como queriendo que sufra el ver esta pesadilla. No paro de llorar, parece que mis ojos y mi corazón es lo único de mí que vive, puedo sentir como desgarra mi blusa y mi sostén, puedo sentir como mete mis pezones en su boca asquerosa, como rueda su lengua por mi pecho y mi cuello, ese lengua que la siento destrosar la virginidad de mi piel, como deseo que se vuelva una navaja en mi garganta y todo acabe por fin. Es horrible no poder gritar, es horrible sentir como quita mi pantalón y mi ropa interior. Su lengua va dejando en mi piel esa saliva olor a mierda y mientras mete su lengua en mi oído siento como salvajemente me penetra y acaba con mi virginidad, esa que prometí entregarte hoy a ti. Mi cuerpo está maltratado, cada embestida es más fuerte y el dolor es peor. El maldito se detuvo un instante y por un momento pensé que todo había acabado, pero ahora vendría lo peor, sus manos ásperas le dieron la vuelta a mi cuerpo y me colocó boca abajo, ya sabía que iba a suceder, mis ojos parecian una cascada, mi cuerpo no respondía y mis intenciones de gritar se enmudecian como en una pesadilla.
Sentí una saliva tibia caer entre mi glúteos y no quise más que morir porque sabía que lo que iba a suceder es peor que la muerte. Sentí sus manos abriendo mis glúteos y su pene desgarrandome una y otra vez sin cesar, me tomó del cabello y tiraba de él con tanta fuerza que mi cabeza se movía de un lado a otro, el dolor sea hacia tan intenso que perdí la razón, algo que agradecí al abrir los ojos y ver que ya no estaba.
Mi corazón se aceleró con tanta velocidad al oír pasos acelerados, pasos veloces que se acercaban, alguien corria hacia mí, no quería imaginar volver a vivir esa pesadilla otra vez, pero eras tú, tú que al verme lloraste tanto como yo, sé que moriste en ese lugar y que te culpaste por no poderme ayudar. La culpa no es tuya, la culpa no es mía, la culpa es de ese maldito enfermo que me destrozó. Solo llévame a casa, amor, y no te alejes de mí.
Cristian Arrieta G.