Hay un extraño mirándome en silencio.
Buscando que confiese un secreto,
esperando que sea yo quien rompa el acuerdo.
Hay un extraño haciéndome dudar de ti,
de tus silencios y algarabías, de tu forma de dormir,
empiezo yo diciendo que no hay garantía
de que las dudas puedan alejarme de aquí.
Y se pasea por mi cabeza,
buscando siempre un pasaje al alma,
he decidido cerrarle la puerta,
pero no deja de tocarla con mucha calma.
Se sienta conmigo para escuchar mis penas,
le hablo de mi soledad que ha estado llorando,
me dice que hay días en que apenas recuerda
lo que realmente siente alguien acompañado.
El extraño me irrita con sus verdades afiladas,
le brillan en los dientes todas las cosas amargas,
no es compasivo, no da palmadas en la espalda
está omnipresente echando en cara lo que pasaba.
Yo veo en sus ojos algo que me es familiar,
una sonrisa gastada por las ganas de amar
y una mirada triste que se quemó en el mar.
Unos brazos ásperos que olvidaron abrazar,
un corazón gastado que late más despacio ya
y unos labios cuarteados por la sed que debió pasar.
Un día ese extraño dejó de estar,
me di cuenta que lo extrañaba
porque no lo dejaba de buscar.
Y el amor se me marchitaba
con la parsimonia del dolor,
y me marché rumbo al sol.
Caminé mil lunas hasta dejar de sufrir,
en algún recoveco del camino dejé de vivir,
el extraño una vez más se acercó a mi,
me levantó y me hizo caminar junto a él
y ya más nunca sentí soledad
en un pozo cristalino fui a mi sed calmar
y el reflejo me dijo que era yo el extraño
esperándome en el tiempo hacia la eternidad...
Foto propia