Caracas - así como me imagino, todas las ciudades -, tiene un encanto particular que es muy difícil poner en palabras. La ciudad suele ser caótica, estresante, vertiginosa y en ocasiones cruel. Sin embargo, toda esa percepción cambia al caer la noche.
Su posición privilegiada, coronando el valle del Río Güaire y custodiada por la cordillera de la costa por el norte, hacen que sus ocasos sean hermosos, que su clima, caprichosamente primaveral se intensifique y el sosiego llegue a ella. La ciudad se ilumina y es un deleite, observarla, recorrerla o simplemente vivirla.
Algunos espacios se vacían, otros se llenan. Algunos son misteriosos, otros se muestran sin secretos, los lugares vacíos en el frescor de la noche dan la impresión de una ciudad abandonada, pero al contrario, es una ciudad en la que cuesta tomar una fotografía en el espacio público donde no haya ni un alma, quizás en pandemia esto era, tal vez, más sencillo.
La ciudad es elegante, tradicional, misteriosa... y hermosa en todas sus caras. Desde la parte colonial, hasta la más moderna y claro, todas ofrecen opciones interesantes para disfrutar de la noche.
Lo que si está claro, es que Caracas alberga dos ciudades coexistiendo y riñendo entre ellas por un mismo espacio. Yo, como amante de la noche, prefiero la Caracas nocturna, que en definitiva parece otra ciudad. Es increíble cómo cambian los espacios a la luz de la luna, con las luces artificiales haciendo su magia.
La ciudad es grande, pero ante la noche parece inmensa. Con miles de opciones, sin congestión, con un clima sabroso y con muchas opciones para pasárselo bien. Incluso haciendo nada.
Incluso, la gente es más alegre. La noche caraqueña tiene ese efecto de apaciguar los ánimos caldeados, de que cada cual exhale un hálito de fiesta, de alegría y de calma. La ciudad de Caracas de noche, es lo más parecido a lo que es este país: Feliz...
Es un campo siempre fértil para los poetas, para los imaginativos, para los románticos. La ciudad despliega sobre su horizonte un campo minado de estrellas y el Warairarepano y sus luces actúan como el faro para la noche. La ciudad es escape y refugio por la noche, bulliciosa y silenciosa, caprichosa y humilde, perfecta, en todo caso.
Discreta, sosegada, pero nada es definitivo, la vida nocturna de Caracas es tan cambiante como la diurna, todo puede cambiar en un minuto, tal como el caribeño clima de la ciudad.
La ciudad se antoja infinita. Cada luz brillante invita a recorrer este maravilloso valle. Hay días que nos muestran un horizonte nublado. Otros la claridad deja ver incluso con la oscurana el verdor de la montaña.
Caracas es perfecta de día y de noche, sólo hace falta vivirla, quererla, disfrutarla, la ciudad duerme, pero no toda, hay una parte reservada para aquellos que hacemos de la noche, el mejor de los momentos.