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Me llevas de la mano
y aún no puedo creerlo,
sin embargo, puedo oírte
en susurros y en el viento.
Me llevas de la mano
para que no me sienta solo,
y al pasar la media noche
respondes a mis ruegos.
Me llevas de la mano
y el miedo se ha ido,
ya no hay frío,
ni lamentos ni desvíos.
Me llevas de la mano
Jesús, y al cerrar los ojos
te veo con una sonrisa en los labios
y los brazos extendidos.