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Será por ser un nostálgico o melancólico empedernido, que mis cielos siempre han sido grises. Esos son los que en particular me han gustado. Puede estar haciendo un día de un sol calcinante, no me importa, como un gran nigromante los vuelvo de un color gris tormenta.
Paradójicamente nací en una ciudad de abundante sol. “La ciudad del sol amada” la llamó un poeta. Será producto de la inconformidad humana, el hecho de buscar lo contrario a lo cotidiano, a esas cosas a la que estamos acostumbrados, la razón que nos hace desear lo opuesto a lo que experimentamos día a día.
Aclaro que no tengo nada contra el sol. No hay nada más hermoso, que apreciar un paisaje bajo un día soleado. Las cosas literal y metafóricamente se hacen mucho más manifiestas bajo el sol, sus rayos animan y mantienen la vida, sin su influencia toda la tierra sería un planta muerto y no el paraíso azul marino que se ve desde el espacio.
El cielo al que hago referencia, es más un cielo interior, que ese que encontramos en la intemperie. Nuestro cielo interno, eso que queremos alcanzar, que nos envuelve en su atmósfera luminosa, opaca o tenebrosa. Que afecta nuestras emociones y hasta la forma de ver las cosas, los sucesos y el futuro.
Sobre ese cielo somos como dioses que podemos poner y quitar tormentas, detener el sol o eclipsarlo totalmente, llenarlo de nubes o hacerlo tan claro que no tenga ni una sola de ellas. Definitivamente así como hay un cielo afuera de nosotros, en nuestro interior también los hay, y debemos ser conscientes de ello.
Lo importante es no apegarse a un solo cielo, aunque es común que tengamos uno que predomine sobre los otros. En tal sentido, hay que tratar conscientemente de equilibrarlos.
Desde hace un tiempo acá, miro esos cielos y trato de que haya congruencia entre los dos. Elijo el cielo que quiero tener y como me quiero sentir, entonces levanto mi mano simbólicamente y como si este fuera un pantalla táctil gigante, coloco tanto interna como externamente el cielo que quiero.
Si quiero cielos grises me lo permito. Si quiero o necesito un cielo azul y soleado, elijo que así sea. Créanlo cuando les digo que “Cada quien hace su propio cielo”