Mis ojos contemplan el cielo estrellado, la luna como siempre hermosa e imponente ante mí, su brillo me recuerda el brillo de tus ojos. Se que tú también la admiras como yo. Solías pedirle deseos a la luna, hablabas con ella como si hablaras con alguien más, a veces imaginabas que ella te respondía. Las estrellas sin embargo no te impactaban tanto, para ti eran un simple adorno a la luna.
Hace frío hoy, la noche está oscura, pero radiante, tan radiante como tu rostro. Ese rostro perfecto, como esos labios que dibujan la mejor sonrisa, como esos ojos pequeños; esos que me muestran tu alma, que me dicen tus mas íntimos secretos, que te desnudan ante mi; esos ojitos que me arropan en silencio, que me calman y me agobian, esos ojitos que en realidad son un reflejo de mi misma.
Tú mi mejor espejo. Tú mi mejor verdad. Tú mi mejor amiga. Tú mi único amor.
No dejas de ser perfecta para mí.
Aun no sé en que momento dejaste de estar, te extraño. Extraño tu presencia. Extraño tu olor. Extraño verte. Si tan solo tuviera la oportunidad de palparte un tantito, de sentir tu rostro en mis manos, de hablarte, de decirte todo lo que no pude decirte, de amarte, de amarnos. De sentirnos.
Sin tan solo pudiera dejar de esperarte, de añorarte, de pensarte, de anhelarte.
No sé si es mi piel, no sé si es mi mente, o si es mi corazón el que aún te espera.
Si ya no pudiera sentir, si ya no pudiera desear, entonces habría muerto; habría muerto esto que irónicamente me mantiene viva.
¿Qué nombre le pondrías a ésto que siento?, ¿Le dirías amor, esperanza o fe? Conociéndote le dirías amor; sí, porque eres tan cursi como yo, aunque estés en tu coraza. Sí, también lloras por mí, pero no lo dices.
Eres fuerte.
Que tonto, siempre admiré tu fuerza, tu templanza y hoy solo quisiera que te quebraras, te quebraras y me dijeras eso que tú tampoco has dicho.