Hoy recordé a Rita
de mis tiempos de antes
de ser estudiantes
de escuela chiquita.
Era tan bonita,
que todo reinado
era conquistado
por tanta hermosura
de niña tan pura
en mi pueblo amado.
Tiempo de la infancia
donde en la existencia
es grata la esencia
de ingenua sustancia.
Niña de elegancia
era Rita Juana
que cada mañana
con ropa amarilla
en cómoda silla
se mostraba sana.
Hoy me acordé de ella
al ver en el cielo
en su lento vuelo
una linda estrella.
Me llegó su huella
con moños coquetos
y de ojos inquietos
ante las miradas
por siempre admiradas
por giros completos.
Hoy, querida Rita,
no sé de tu vida,
mas sigues florida
en ruta exquisita.
El recuerdo cita
tu inmensa belleza
y en el alma empieza
el gran alboroto
de un corazón roto
por una princesa.
NOTA:
Por aquí traigo una décima hexasílaba, que es una métrica de infrecuente uso, y espero que les agrade a los tradicionalistas.