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Abriendo en la mañana los caminos,
me encontré con El Manco de Lepanto
quien en un libro de magia y encanto
me habló de historias de rudos molinos.
Ensoñado seguí por los destinos,
y a un obeso jinete allí entretanto
sobre un borrico y con carisma tanto
miré de compañero en desatinos.
Absorto me quedé en "El Caballero
de la Triste Figura", aunque risueño,
quien iba en esa ruta siempre al mando.
Leí absolutamente el ibro entero
y, mezclando entusiasmo con empeño,
me paso todo el tiempo cervanteando.
Dedico este soneto a uno de los más grandes escritores de la literatura universal, y cumpliendo a cabalidad con las reglas de un soneto cuya estructura , en este caso, es: ABBA ABBA CDE CDE, y el característico verso endecasílabo.