Los molinos, los molinos esos gigantes con los que unos lucharon y otros pusieron el pan en las mesas. Esa forma artesanal de moler el grano para luego amasar y hornear los aromas que acompañan muestras mesas.
El camino hora y media con la respectiva parada para el aseo y que la mascota Wooki que hoy nos acompañaba también hiciera pipí.
Mi hija tenía la esperanza que estuviera alguno abierto para que los mirará por dentro, pero hoy domingo no llegamos a tiempo.
A caminar otra vez, lo bueno es bastante plano y con pocas inclinaciones, el calor estaba fuerte hoy, pero no 40 grados sino 31 aproximadamente. Todavía el verano no termina me indica mi hija, falta un poco más refresco por una tormenta que se acercaba.
Me gusta seguir paseando y conociendo nuevos lugares que no visite el viaje pasado. Siempre se aprenden cosas nuevas.
Regresamos para almorzar en el apartamento, ya eran las cuatro de la tarde.
Siempre aprendiendo y disfrutando todo lo que mis hijos me enseñan, ellos me devuelven esos paseos de cuando eran pequeños y los llevaba a museos, piscinas, cine y teatros.
Nos vemos en el camino.