En la Edad Media se intensificó el temor contra los anudamientos anti afrodisíacos y la Iglesia, siempre pendiente de las dolencias mágicas de su feligresía, anatematizó estas ligaduras en varios de sus concilios, el Cardenal Perrón hizo insertar en el ritual de Évreux prudentes oraciones contra la agujeta anudada.
Hincmar, arzobispo de Reims, llegó a aconsejar a los esposos hechizados de ligamiento, la confesión como remedio muy eficaz, mientras que los clérigos eran más partidarios de solucionar el problema por medio de limosnas a favor de su parroquia, estos maleficios eran selectivos, unas veces se hacían contra la facultad procreadora del hombre.