La ciudad es un abismo de ilusiones y alegrías, aun cuando los tiempos no son los mejores. Su piel es bañanda por las tibias aguas de sus rios y manantiales. Este el mismo rio de siempre, en el cual de niño chapoteabamos o igual nos lanzabamos del puente como si flotaramos en el espacio. Sus aguas han sido motivo de tantas poesias y amores ahora guardadas en la mente de este aprendiz. Cuan agradable es pasar por sus orillas, se siente la caricia y el frescor que emanan de sus tibias aguas. El sol es siempre un invitado en sus crestas modeladas por el suave viento. Podríamos vivir lejos pero nunca se olvida y a él siempre se retorna. No me imagino vivir lejos de él.