Vivimos en la era de la información. No sólo nos llegan las noticias desde cualquier parte del mundo de forma inmediata, también podemos acceder a todo tipo de conocimientos a través de Internet.
Pero, como todos sabemos, Internet es un arma de doble filo.
Es un sitio donde se pueden encontrar las bondades de tomar colágeno para las articulaciones, y sólo una página más abajo, te dicen que según los estudios de la Universidad “X”, eso de tomar colágeno es una patraña. Las cremas rejuvenecedoras son capaces de llegar al fondo de la piel y tienen células madre, pero, a la vez, los dermatólogos te dicen que las cremas no son capaces de penetrar más allá de las capas superficiales de la piel. Las vacunas no son necesarias, y encima provocan autismo, las estelas de los aviones nos quitan el agua/nos fumigan/inserte-aquí-la-teoría-que-más- te-guste.
Y, de repente, llega la madre de todas las conspiraciones.
El acabose.
Ea, ya lo he dicho.
Es un disco plano rodeado por hielo, lo que nosotros creemos que es la Antártida. Estamos cubiertos por una cúpula con pequeñas partículas brillantes pegadas a ella (nuestras estrellas), y el sol y la luna son mucho más pequeños, y rotan dentro de la cúpula.
Y no hay gravedad, ni Teoría de la Relatividad, ni Ley de Gravitación Universal, ni nada de nada.
¿más información?
Uno de los terraplanistas más reconocidos es Mark Sargent, quien participa en el documental emitido en Netflix “La Tiera es Plana”. En España, uno de los más famosos es Oliver Ibáñez. Os dejo la entrevista que le hizo Santiago Camacho en 2017 aquí.
Y ahora, la pregunta del millón:
¿cómo puede ser, que en pleno siglo XXI, haya gente que crea, de verdad, que la Tierra es plana? ¿Qué digan que han intentado rebatirlo, pero que terminaron convenciéndose (caso del citado Mark Sargent)?
En mi opinión, aquí se juntan el hambre con las ganas de comer.
En fin, lo dejamos aquí. Como crítica al otro sector, deberíamos hacer un esfuerzo para desacreditar este movimiento (y otros tantos) mediante la divulgación científica, explicándolo todo de forma clara y concisa, para que todos nos enteremos. Sé que es difícil, pero ya no vale con reírse del terraplanista tachándolo de loco. El deber de la ciencia es demostrar sus afirmaciones, y ahí estamos fallando de cara al público.
¡Un abrazo a todos!