Recuérdame
Recuérdame, en el compás de tus espacios,
en el primer bostezo del café de la mañana,
en las pequeñas flores que pisas en tu andar;
en mis profundas huellas de tu huerto.
Recuérdame, en la esquirla fragmentada,
en las dulces campanadas de las tonadas oxidadas,
en los azulados destellos de los nudos desatados;
que hilvanan y entrelazan los pálidos retazos.
Recuérdame, en el lenguaje de la luna,
que menguante se desnuda, maquillando su llenura;
mientras las estrellas fugaces se desploman,
para alumbrar la penumbra de tu cielo.
Recuérdame, en las grietas del olvido,
en la brecha que funde mi alma en tu regazo,
en la debilidad de mis últimos latidos;
de la pausa eterna y perpetua de mi canto.