Tenía la bella edad de las ilusiones, 16 hermosos años, ya no pude estudiar más que la secundaria, por la mala economía, así que busqué trabajo.
Siempre fui muy independiente, salí a buscar sin compañía y sin éxito, pues mi edad era muy corta aún.
Era muy delgadita, algo tímida, jamás me había enamorado, alguna vez alguien me dió un beso, pero la verdad no lo disfruté, aún no llegaba ese hombre que hiciera que me temblaran las piernas, era inocente y romántica, soñaba con ese príncipe azul que vendría por mí y me llevara en su corcel blanco a pasear...
Pero en ese momento debía enfocarme a buscar trabajo y lo hacía con ahínco, sabía que debía de ayudar a la economía familiar.
Encontré gracias a una conocida que me ayudó, ella trabajaba ahí de cajera y yo sería vendedora, no supe cómo le hizo para que yo entrara, el caso es que ya tenía trabajo y eso me hacía sentirme agradecida y feliz.
Los primeros días fueron difíciles, pues debía de aprenderme códigos, precios y sobre todo saber dónde estaban los zapatos, era una zapatería.
Tenía tres pisos, en el primero se ubicaban los zapatos de niños, en el segundo damas y en el tercero los de caballeros, había días en que tenía que subir hasta el tercer piso como 20 o más veces, terminando agotada.
Ya después empecé a ser más práctica y antes de subir como loca por un par y otro, le preguntaba al cliente que era exactamente lo que necesitaba, así no subía en vano tres pisos varias veces y le traía de una vez por todas lo que quería.
Me convertí en unas pocas semanas en la mejor vendedora de esa tienda, todos decían que por mi carisma, ya que siempre simpatizaba mucho con todo tipo de clientes.
Empecé a llevar dinero a mi casa y a comprarme ropa bonita. Todos los días me transportaba en autobus, fue ahí donde conocí a un chico que me llamaba fuertemente la atención.
Varias veces me tocaba con él, ya que era un chófer de ruta y el no dejaba de mirarme también, se le veían unos ojos muy bellos verdes, aparentaba ser muy joven y era extremadamente delgado.
Esto sucedió varias semanas e incluso recuerdo que con solo verlo y sentir que nuestras miradas se cruzaran llegaba muy emocionada a mi trabajo y les contaba a mis amigas, ellas se emocionaban conmigo, era tan bello sentir ese palpitar del corazón casi queriendo salirse del pecho. una sensación jamás experimentada.
Casualmente un día lo encontré en la parada del colectivo y se me acercó, ¡yo no podía creerlo! Se presentó con su nombre: Fernando y ahí supe su edad, tenía 18 años. Era muy agradable, yo estaba embelesada con él, me contó que su padre era dueño de algunos autobuses por eso lo apoyaba trabajando en ellos. Lo único que me interesaba en ese momento era lo que sentía por él, por esa cercanía que me quitaba el aliento y al mismo tiempo tenía sensaciones extrañas en todo mi ser.
Me pidió caballerosamente permiso de verme cada noche a lo cual accedí y cada noche nos encontrábamos ahí, en ese lugar después de salir de trabajar, a las 8 p.m charlábamos un rato y después nos íbamos en el autobus juntos, vivíamos a unas cuantas cuadras...
Después de varias semanas, al fin un día se atrevió y me besó, fue el beso más dulce que jamás había experimentado, lleno de emoción y sensaciones exquisitas, sublimes.
No fue mi primer beso, era el mejor hasta entonces, después del beso tierno me toma de las manos y me pregunta:
-¿Quieres ser mi novia?
No quise verme muy emocionada, así que esperé contando medio minuto y dije
-Siii!
Era algo que estaba deseando hace aproximadamente dos meses y que pensé que jamás iba a suceder