Como muchas enfermedades la tiroides también tiene su día mundial y aunque falta poco más de un mes para celebrarlo, hoy quise hablar sobre esta enfermedad que afecta alrededor de 700 millones de personas en el mundo y de la cual yo, lamentablemente para mí, formo parte de la estadística.
La glándula tiroides tiene forma de mariposa y se encuentra ubicada en el cuello. Es muy pequeña y pesa alrededor de 25 gr, pero aun con su minúsculo tamaño tiene el poder de decidir “si su dueño ira a dormir, a bailar o a pelear con quien se le acerque”.
Hay dos tipos de trastornos tiroideos: hipertiroidismo (exceso de producción de hormonas tiroideas) e hipotiroidismo (deficiencia de hormonas tiroideas) pero en este post me voy a referir más que todo al segundo trastorno pues es el que padezco hoy día.
Este enemigo silencioso capaz de consumir la vida de quienes lo padecen puede pasar desapercibido durante mucho tiempo y pueden aparecer síntomas que muchas veces son confundidos con otras patologías. En mi caso estoy padeciendo de este trastorno desde los 30 años y no lo sabía. Comenzó a manifestarse con la caída abundante de cabello pero se lo adjudicaba al estrés y buscaba tratamiento con el especialista equivocado. Por supuesto los medicamentos no funcionaban y esto generaba más estrés a lo que se le sumo un estado depresivo por ver cómo iba perdiendo mi cabello y se revelaban espacios blancos en mi cuero cabelludo y yo sin saber cómo solucionarlo. Este cuadro se le fueron sumando otros síntomas como el cansancio pues, siempre he sido una persona muy activa y me gustan los deportes y llego un momento en que ya no contaba con la misma capacidad y resistencia para realizar cualquier actividad física y hasta caminar representaba un gran esfuerzo para mí. Por supuesto lo que a toda mujer le mortifica, el aumento de peso que cada vez se hacía más progresivo y no había ni dieta ni ejercicio capaz de contener su avance. Mi cuerpo siempre cansado, sin fuerzas y sin ánimo para salir de la cama, me hizo enfrentarme a una realidad que me exigía buscar una pronta solución, me estaba consumiendo y no sabía porque. Lo primero que hice fue ubicar al especialista adecuado, en este caso el Endocrinologo, el cual me realizó el interrogatorio de rutina para luego, según los síntomas que presentaba, determinar el trastorno tiroideo del estaba padeciendo y con los estudios médicos adecuados confirmar el diagnóstico de la enfermedad.
Investigando un poco por mi cuenta, pues necesitaba tener más información sobre la enfermedad que debía enfrentar por el resto de mi vida, me encontré con otros síntomas que para mi sorpresa ya los venía padeciendo incluso mucho antes de lo yo que creía y hasta puedo decir que desde mi adolescencia. Estos son:
Intolerancia al frio (siempre crei que era muy friolenta).
Fragilidad en las uñas (nunca las he podido tener largas) y cabello quebradizo.
Calambres intensos y dolorosos sobre todo en horas de la madrugada.
Dificultad para estudiar.
Hoy día a estos síntomas se le suman:
Cambio en el tono de voz.
Piel seca y escamosa.
Hinchazón de cara y manos.
Caída de pestañas y cejas.
Depresión.
Pérdida de memoria.
Pulso lento y baja presión arterial.
Anemia (la hemoglobina me llego a 6 y casi que requiero de una transfusión de sangre pero gracias a Dios y con mucho hierro este valor se normalizó).
Desánimo o irritabilidad constante y pare ud. de contar.
Todo me indicaba que sufría de Hipotiroidismo pero fueron los resultados de los exámenes especializados, perfil tiroideo, gammagrama tiroideo, captación de iodo radioactivo, etc., los que me confirmaron mi padecimiento.
La enfermedad de Hashimoto o inflamación de la glándula tiroides producto de un ataque al sistema inmune ya sea por infecciones virales, respiratorias o un embarazo.
Heredada de forma congénita.
Terapias de radiación para el tratamiento de cáncer.
Extirpación quirúrgica de la glándula tiroidea.
Medicamentos antitiroideos.
Tiroiditis post parto.
Carencia de yodo en la dieta.
¿Cuáles son los factores de riesgo.
Género. Es más frecuentes en las mujeres. (2% sexo femenino y 0,1-0,2% sexo masculino).
Edad. Tiende a desarrollarse con más frecuencia en las mujeres entre los 40 y 50 años.
La terapia radioactiva de yodo al cuello y las cirugías de tiroides también representan un riesgo creciente.
Padecimiento de alguna enfermedad autoinmune que ataque las células tiroideas.
Antecedentes de familiares con la enfermedad autoinmune.
Consumo de ciertos medicamentos como litio (medicamento para tratar depresión y desorden bipolar), amiodarona (droga usada para tratar la arritmia cardiaca) y el interferón (usado para tratar la hepatitis C y algunos tipos de cáncer).
¿Cuál es el tratamiento para el hipotiroidismo?
Las persona que como yo sufren de hipotiroidismo debemos tomar una hormona sintética presentada en forma de pastilla llamada Levotiroxina que viene a sustituir a la hormona tiroidea que nos hace falta, en este caso la T4. Este consumo es diario y para toda la vida. Dar con la dosis adecuada se lleva su tiempo es por ello que el médico tratante realizara pruebas cada cierto tiempo para medir el nivel de hormonas en la sangre hasta que estas indiquen que se está tomando la cantidad correcta.
¿Se puede tener una vida de calidad cuando se sufre esta enfermedad?
Por supuesto que sí! Solo es cuestión de llenarse de paciencia y cumplir con el tratamiento hasta que esta haga efecto, seguir las indicaciones del médico y acudir a las consultas periódicamente, hay que recordar que los síntomas no desaparecen de un día para otro pero sin pueden mejorar gradualmente. Debemos cambiar nuestros hábitos alimenticios. Consumir alimento ricos en yodo y que ayuden en la producción de hormona tiroidea como vegetales, frutas y frutos secos, hierbas y especias, algas marinas, mariscos sal yodada. Reducir el consumo de carnes rojas, alimentos procesados, refinados y excitantes como el café, té y chocolates. Moderar la cantidad de sal. Es recomendable elaborar un plan alimenticio con la ayuda del nutricionista. Llevar una vida activa, hacer ejercicios que ayuden a quemar calorías como caminar, correr, nadar, y por supuesto cero estrés porque el estrés engorda. En fin hay que aceptar que se tiene un problema y tratar de convivir con el de la mejor manera posible, transformando las debilidades en fortalezas y recordando que la vida es una sola y depende de nosotros como queremos vivirla.
“En el año 2000, me diagnosticaron cáncer de tiroides y me extrajeron la glándula tiroidea. A raíz de esto, tengo hipotiroidismo y tomo medicamentos para tratar la afección. En mi carrera, soy conocida por improvisar y no respetar el guion; pero no cuando se trata de mi salud. Me aseguro de ’seguir el guion’ para hacer exactamente lo que me indica mi médico. Esto es muy importante para mí, ya que no se puede disfrutar de lo que uno tiene sin salud”.