Comparto con ustedes lo que escribí ayer a las 6 pm.
El irreductible tiempo pasa y con él las horas, que cada vez más rápido, se convierten en días.
De repente me encuentro a seis pocas horas de concluir un año.
¿Qué hacer?
¿Llorar por quienes fueron llamados antes a la reunión de la vida eterna y hoy no están?
¿Entristecerme por quienes, como Yo, se encuentran en soledad física a miles de kilómetros de distancia?
¿Amargarme por que deseo ver a otras personas conmigo?
¿Arriesgarme en el suburbio nocturno a buscar una compañía no sentida?
En esta reflexión, salí a pasear con Mila, mi perrita; de repente observé como una plantita emerge desde un minúsculo espacio de tierra, llena de verdor, de vida, de clorofila, resistiendo valientemente el recio clima y sin temor a ser pisada o arrancada; pues, ella volverá a nacer en el mismo lugar, una y otra vez.
Capturé con el lente de mi Huawei P7 la imagen de esta minúscula planta, pues me vi reflejada en ella: Resiliente, irreductible y siempre con la expectativa de estar donde deseo estar; crear y lograr; ser mayor que la adversidad; aceptar el tiempo como viene, sin perder mi esencia.
# Ser Yo...
Seguir el camino que me he trazado con la bendición divina, llena de energía positiva.
Creo en mí y en mi creación, en mi capacidad de Ser y Dar.
La vida es esto y nada más.
En gratitud infinita por Ser y Estar en compañía del arquitecto supremo, ese Dios, que nunca me abandona.