Hubo dos grandes genios de la Literatura Universal, que insistieron, cada uno en su disciplina y desde luego a su manera, en que las aventuras del noble Ulises no terminaron cuando regresó al hogar y ni siquiera la dulzura de Ítaca, su tierra y el afecto de su mujer, Penélope consiguieron arrancarle del alma esa fascinación por los caminos, esa irreprimible fuerza de atracción, a la cual los aborígenes australianos se refieren como ‘walk about’, de vagamundear sin descanso por el mundo, como hoja que lleva el viento.
Dichos autores, no fueron otros que los inmortales poetas, Dante Alighieri y Cavafis, quienes insistieron en una segunda Odisea, situando las nuevas aventuras de esa reencarnación del Judío Errante, el propio Ulises, en ésta España, hasta ayer Mágica y hoy conmiserativamente anclada en el absurdo y a falta de héroes a los que recurrir en su confuso ostracismo.
No se sabe a ciencia cierta, si durante su visita a nuestra tierra, estuvo por Termancia, ciudad troglodita, como sí lo hiciera ese trueno disfrazado de Nazareno camino del destierro, que fue el Cid Campeador, pero los viejos que habitan las desoladas extensiones de alrededor, afirman, con el poder que les otorga siempre la sabiduría popular, que en las entrañas de la tierra, la maga Circe, convertida en una espantosa serpiente llamada Elpha, espera desde hace siglos la llegada de otro héroe que la libere de su letargo, sobre todo ahora, que el mundo adolece de un terrible sentimiento de Tedium Vitae y echa de menos algo tan fantástico como es la Magia.
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