Dejando aparte esa monumental y literaria visión que nos ofreció Jorge Luis Borges en su inolvidable obra ‘Historia universal de la infamia’, no creo que sea difícil de entender, que siendo tan vieja como el mundo, continúa siendo –y me reitero en la redundancia- un tema de lesa actualidad hoy en día.
Las Fake News, las falsas amistades, la falta de creatividad y la insoportable levedad del no ser, entre otras, fueron ya experimentadas con cierto éxito en épocas de la Historia, como la Edad Media, donde al menos, aquellas personas del pueblo que participaban de tales manipulaciones, tenían, sin embargo, el atenuante de su perpetuo analfabetismo.
Generalmente, la Deus Irae o Ira de Dios, se dejaba sentir sobre los miembros de otras culturas y de otros credos, siendo los colectivos más perjudicados, por regla general, los judíos, un colectivo al que no sólo se acusaba de haber crucificado a Jesucristo, sino al que también se envidiaba por su aparente prosperidad y su habilidad para los negocios, infamia provocada por la envidia, que condujo a cometer los peores crímenes en el nombre de Dios –o de la amistad, con minúsculas, como ocurre hoy en día- y las conocidas expulsiones.
El Arte, que en ocasiones se implica y pierde ese bendito tesoro, que aparte de la libertad de expresión es la objetividad, reflejó también, aunque de manera partidista, estas injustas manipulaciones, como lo demuestra, por ejemplo, este extraordinaria cenotafio de los Santos Mártires de Ávila, que narra, en una parte de sus candorosas esculturas, la leyenda de un judío supuestamente perverso, que alentado por el Demonio, denunció a tres inocentes, los cuales fueron cruelmente torturados y posteriormente ejecutados.
En fin, como dice la conocida canción: es la historia de un amor, como no hay otro igual.
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