Después de leer la nota de su secretaria, y ya en camino hacia el lado norte del río, aún dudaba entre una equivocación al tomar el pedido, o la mala jugada de algún gracioso.
°Solicitamos un camión-grúa para las 9 de la mañana, miércoles 14 del corriente, debajo del puente viejo, a la salida de la ciudad°. Así rezaba la nota recibida.
Cuando llegó ya había un par de coches particulares y policiales. Estacionó y bajó rápidamente para consultar sobre el asunto.
Unos buceadores, contratados por la intendencia para dragar el arroyo, decían haber visto, en los fondos, un recipiente de considerable tamaño. La policía local dio órdenes de subirlo a la superficie.
En una escasa media hora, ya estaba en el aire una herrumbrada especie de caja fuerte tapada de musgo y otras suciedades, provenientes del olvidado arroyo. Antes de recibir la orden para depositaria en la orilla, los policías cercaron la zona adyacente para evitar los curiosos. Tardaron un buen rato en conseguir abrirla.
Cuando lo lograron, el sargento a cargo de la operación decidió tomar en sus manos la continuación del procedimiento. Sacó del interior un pequeña bolsita de plástico con un papel dentro.
En aquel raído papelucho estaba redactado con lujo de detalles, los pormenores del asalto y robo perpetrado el día 26-3-82, en el cual desapareció dicha caja fuerte de la joyería de la calle Asunción 4011 de la ciudad.
-¡¡Han pasado 30 años!!- exclamó a toda voz el policía que no salía de su asombro; y agregó - Así que uno de los socios, el viejo Don Felipe, que en paz descanse, fue el cabecera del robo¿eh? ¿Alguien lo conoció?