A través de las rejillas de la persiana entran los últimos rayos de sol del día, enfundados en una temperatura que hace que la estancia en la habitación se haga insoportable.
Aún así no me despego de la pantalla, a pesar que el calor que se desprende no invita a permanecer aquí.
El único sonido que percibo es el de las chicharras a través de la ventana, que en una tarde en la que la calle se encuentra desierta se hacen más fuertes, tanto como para que me percate de su informal compañía.
Un ladrido de un perro se oye a lo lejos provocando que la musa huya por enésima vez de la habitación.
Aprovecho para ir a la cocina a beber agua para así darle tiempo a volver, cosa que no sé si ocurrirá.
Se oyen los gritos de los vecinos a través del patio, ya están peleándose de nuevo. Menos mal que desde mi cuarto no se les escucha, por lo que podré volver a mi lugar inicial e intentar concentrarme.
Intento acomodarme en mi asiento y retomar mi trabajo. Ninguna idea aborda mi cabeza, y mucho menos ahora que el móvil comienza a sonar.
Es alguien que se ha equivocado, lo que hace que me enfade pues he terminado de distraerme del todo.
Decido seguir escribiendo mi libro otro día que me encuentre mejor, pues la musa parece que finalmente no volverá.
Miro el wasap pero no hay conectado alguien con quien me apetezca hablar.
Enviaré un mensaje corto por e-mail para comentarle lo mucho que me acuerdo de ella…