Penando

jtk1(64)
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6y


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-Ya me cansé de andar sufriendo.

-Debes convencerla de que te libere.

Se quedó meditando con la luna de frente.

Los huesos le dolieron más que nunca y lo creyó como un anticipo temprano del invierno, cuando apenas el verano se dejaba caer implacable.

De todos modos la esperó.

No llegó.

Sus pasos no resonaron como todas las noches.

Se le hizo un nudo en la garganta.

Por primera vez sintió miedo de no volver a verla nunca más.

Presintió lo peor, pero dejó de esperarla.

El sueño no lo liberó.

La veía corriendo por la acera llena de humo; donde una puerta se abrió para él.

Todo en penumbras; entró sigiloso y midiendo los pasos, hasta llegar a la cama.

La vio desnudarse, y otra vez, como antes, esos senos le hicieron estremecer, haciéndole recordar noches pasadas: sus manos llenas de ellos y en su boca un pequeño monte a punto de erupción, la piel blanca, los ojos de tigre y el cabello suelto sobre la espalda; lleno de recuerdos la besó de nuevo.

Luego, cuando la vio acostarse sin nada de ropa y llena de sí, no pudo evitar que el aire se le entrecortara y se sentó a cuidarle el sueño en uno de los sillones donde alguna vez la recibió a horcajadas.

Desde ahí la vio agitarse bajo las sábanas y la escuchó llamarlo débilmente y estar a punto de llorar, antes del último, cardíaco, grito de su noche.

No tuve que convencerla. Ahora pena conmigo.

Penando | Ecency