Desesperada Natalia busca entre sus ropas las llaves de su departamento, no quiere perder tiempo, el reloj marca las 6:57 de la tarde.
Tiene una cita, su cita anhelada.
Al entrar poco le importa el hedor que proviene de la cocina, lanza su bolso al sillón grande, anticuado, de color verde seco, el cual perteneció a su bisabuela; el mirarlo de reojo le provoca una sensación de seguridad.
Por unos instantes recorre su entorno, muebles viejos, desperfectos aquí y mas allá, desorden, suciedad; de alguna manera ve reflejado su interior.
-No importa ya todo pasará -lo repite incansablemente.
Con rapidez se quita la ropa de trabajo, le incomoda, hace ya varios años que la talla no es la adecuada; al quitar sus zapatos le sorprende lo hinchado de sus pies.
-Es difícil trabajar de 6 a 6, parada todo el tiempo -masculla.
Su cabello maltratado es ya de dos tonos, su piel áspera, manchada, acabada por el sol.
-¿Para que gastar en tintes o tratamientos? Él me amará como soy, mi interior es lo importante -se responde en voz alta.
Emocionada como una niña en espera del regalo prometido, se acomoda frente de su computador.
Al otro lado de la pantalla, a mil kilómetros de distancia, Joaquín orgulloso y ansioso espera a su @Nati_bella. Perfecta, hermosa, de cuerpo escultural, suave y dispuesta a entregarse apasionadamente.