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Silbo para recordar que a veces debo de frenar, que no esta bien sobre-pensar y silbo para olvidar lo que ya he pensado; silbo para escuchar una melodía y no la voz interior que me acompaña día tras día, que me habla con poca simpatía y me muestra lo que soy tal cual epifanía. Silbo para hacer ruido, y evitar que mi consciencia sea invadida por la tranquilidad, pues deja espacio a distintas imágenes, para que lleguen a pasearse por mi mente que al estar en calma tiene un vicio por desempolvar recuerdos y memorias.
Silbo para recordarle a mi consciente, como ya mi inconsciente perdió la batalla y constantemente se ve invadido por pequeños símbolos que no debería seguir recordando. Silbo para mantenerme presente y no vagar en la inmensidad que supone imaginar momentos felices y plenos. Silbaba para mantener esa imagen de un joven basto, pero no bastó con hacerlo y fue entonces que caí en un batiburrillo de emociones y pensamientos, cuya fuerza es tal que descontrolan lo que soy, y lo que aparento.
Fue así como por parar de silbar, comencé a pensar, y a recordar, a cuestionarme ¿Qué es lo que quiero? y solo espero que el silbido lleve un mensaje y que viaje como en el viento las aves, para que llegué a quien pueda ayudarme.