Rescaté desde el espejismo del tiempo
tus labios, que en la distancia breve
de los anhelos fueron pasión y ternura,
aladas musas que se adueñaron
de los anhelos dormidos bajo el candil
de mundos proyectados, reflejados
como haz de luz de nuestros destinos.
Rescaté desde el horizonte indefinido
que traza los límites de lo inmarcesible,
las letras temblorosas que unen
las ansias de ser elementos peregrinos,
fundidos en la etereoridad del espacio
ignoto que separa nuestros cuerpos,
atrayéndolos a un punto desconocido.
Rescaté desde el fondo de mis deseos
tu pecho que me sirvió de abrigo
en las noches, cuando el frio congelaba
las razones de pensar y dormitaba
como huésped indeseado, ocupando
las almohadas donde el pensamiento
fluía y se hacía huraño y atrevido.
Rescaté todo lo que un día nos unía
y sin embargo seguimos girando
en orbitas diferentes, viajando
hacia mundos donde el desencuentro
es verdugo de los sentimientos,
merodeador que me recuerda
la impotencia de atreverme a sentirte mía.