Lo que diferencia a un escritor con otros seres humanos, es la forma como percibe los eventos, objetos, acciones, olores y un sinfín de cosas más a través de sus sentidos, esto da como resultado el plasmar lo captado en sus escritos desde una óptica diferente.
Eso se llama percepción y algunos le agregan el adjetivo de artística, ya que la misma no es exclusiva de quien escribe sino también de cualquiera que ha tomado el arte como su forma de vida.
Sin ella hay poco que expresar que no sea previsible para el lector, ya que se transforma en monótona y los temas explayados en comunes.
Debería tal vez ser este el primer mandamiento para quien aspira llevar sus creaciones y mundos propios a los demás, pero en la tarea de escribir no existen clasificaciones ascendentes o descendentes sino que todas son igual de importantes que las otras.
La percepción es algo innato pero también es cultivable, aprendida, manejable, estudiada y focalizada cuando se tiene la disposición a ver más allá para crear, recrear o darle énfasis a alguna idea que luego se llevará al papel, puede considerarse como el yoga del escritor.
Somerset Maughman, considerado en los años 30 como el escritor más popular y mejor pagado del mundo, no solo escribía novelas sino también ensayos, cuentos y obras de teatro, decía, refiriéndose a quien deseaba escribir “No me digas que la luna está brillando, muéstrame el destello del brillo en un cristal roto””. Una clara alusión al hecho que el brillo de la luna era captado por cualquiera pero el destello del mismo en un cristal roto solo era posible para quien tuviera una percepción artística del hecho.
A Anton Chejov, escritor y dramaturgo ruso, considerado un maestro del relato cortos, seguidor de las corrientes del naturalismo y realismo se le atribuye esta frase “Intento dejar fuera las partes que la gente se salta”.
En clara alusión que lo que es predecible no se debe colocar ya que la gente no lo lee.
Para quien desea llegar a los demás a través de sus historias, poemas u otro género de la literatura, es importante que lo que expresa sea novedoso, impactante, diferente, contenga una visión personal y además que a estos factores se le sume lo normal, creando una combinación que pueda ser captada por el lector.
Que este no solo tenga algo literal sino que también pueda hacer el ejercicio de leer entre líneas, de tal manera que consiga algo más cada vez que relea lo mismo.
Opinan muchos expertos que el secreto de una buena obra está en ser capaz de ser leída y releída muchas veces sin causar aburrimiento y logrando en cada ocasión encontrarle algo nuevo.
Sin una percepción diferente nuestros sentidos están condenados a no ver más allá de lo que la vista muestra, o los sentidos rudimentariamente captan, que es apenas la punta del iceberg de lo que realmente pueda tomarse para ser usado.
¿Cómo aprendemos a tener una percepción diferente?
Hay muchas maneras de acuerdo al sentido que desees estimular, entre ellas está el observar minuciosamente, escuchar intentando descifrar esos decibeles que no son captados comúnmente sin estar en un estado de atención extrema, hacer de nuestra piel un órgano que sea capaz no solo de palpar sino también de transmitir otras percepciones.
Podría parecer complicado todo pero se va haciendo rutinario con la práctica y los resultados cuando se lleva al papel eso que está allí pero no todos ven.
Sin percepción el mundo es monocromático y el escritor termina siendo monotemático, predecible o simplemente rutinario.