Éramos tan jóvenes como ingenuos y la rebeldía
formaba parte de nuestros actos, como el fuego
lo es del sol que incandescente ilumina todo
y proporciona energía para que no desfallezcamos.
Éramos osados exploradores de sentimientos nuevos
que envolvían nuestras pieles, proporcionándole sensaciones
que traspasaban las barreras de lo conocido, dándonos
el vigor para continuar a pesar de nuestra supina ignorancia.
Pero llegó el amor con su magia y misterio a enfrentarnos,
a recordarnos que los sentimientos son espadas filosas
que pueden matarnos sin quitarnos la vida, verdugos
implacables que no conocen de cronología ni de edades.
Entonces huiste como golondrina impactada por el temor,
preferiste la soledad a la compañía que ofrecían mis brazos
y quedé como barco a la deriva en noches de frio y tempestad
lamentando no ser más valiente para buscarte y convencerte.