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La tristeza embarga;
la soledad duele en el alma
y en el corazón,
con la realidad golpeando,
queriendo que renuncies a
una parte de ti que no estás
dispuesta a sacrificar
porque es tu faro en medio
de la incertidumbre,
la que te impulsa a hacer algo
para sanar,
para ser libre,
para ser humana en medio
de la deshumanización.
Le rezas a Dios,
juras hasta por el río Estigia
que honrarás tu promesa,
consciente de que la cosa contigo
es sería y honorable,
que quieres la paz por encima
de la comodidad,
la tranquilidad por encima de
toda riqueza material.
Y juras en tu fuero interno que
vas a luchar por ello aunque
Al final termine por costarte la
vida entera.