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Así como la palabra es un tema complejo de tratar y siempre álgido, su otro rostro –el silencio– igualmente lo es. Atraviesa la consideración de muchos pensadores (incluso de carácter religioso) y artistas, y siempre estará presente e inconcluso. Aquí ofrezco unas primeras reflexiones.
Primero, una cita de George Steiner, filósofo y crítico literario franco-inglés, además de traductor, que con su pensamiento influyó mucho en las últimas décadas del siglo XX. Autor de una obra muy extensa y valiosa, de la que podemos nombrar los libros: Lenguaje y silencio, Presencias reales y Gramática de la creación, entre muchos otros.
Solo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial.
Luego, una cita de la poeta venezolana Elizabeth Schön, quien fue autora de una producción poética amplia y de sumo contenido filosófico, como sus poemarios Del antiguo labrador, La flor, el barco, el alma y Luz oval.
Es en lo callado / donde llega la voz quieta de la espera / y es en la nada / donde encontramos la abertura.
Ambos pensamientos, uno en prosa y el otro en versos, son coincidentes y complementarios. El encuentro con lo que Jung llamó "el-sí-mismo" requiere de un reposo del pensamiento racional cargado y acelerado, sobre todo en nuestro tiempo. La asunción de nuestra esencia como seres individuales y, a la vez, universales, necesita de una pausa que nos permita, en la serenidad, adentrarnos, vernos, sentirnos… A esa temporalidad interior es a la que alude la poeta Schön cuando habla de la quietud y la espera; cercana a una visión taoísta o zen, en sumo, espiritual (más allá de las religiones), el silencio se nos ofrece como una experiencia en la que, despojándonos de lo alienante, vivenciamos la nada o el vacío que nos abre a una recepción abierta de la vida.
Agradecido por su lectura.