Un nombre resalta en el cine que fundamentó la tradición del vampiro: Friedrich Wilhelm Murnau, artista alemán nacido el 28 de diciembre de 1888, de una asentada formación filosófica, literaria, teatral y pictórica, la cual le llevará a crear una obra cinematográfica vinculada al Expresionismo, movimiento vanguardista de inicios del siglo XX, de los más importantes en la renovación del arte occidental.
El expresionismo (he publicado varios posts sobre este movimiento; si están interesados, pueden ver 1, 2 y 3) se inició y localizó fundamentalmente en Alemania, para algunos a partir de 1905, para otros desde 1910, extendiéndose una década y más, hasta los años 30. Un rasgo clave de este movimiento es su carácter polifacético, pues en él se articula una gama de actividades artísticas: artes plásticas, literatura, música y cine.
Con él se propicia un cambio importante en el arte, pues lo que fue expresión desde fuera –en el impresionismo, de finales del siglo XIX– se torna expresión desde dentro, liberación de una tensión espiritual. Con esa inquietud y búsqueda, renace un interés por lo gótico, de raíz medieval, que en este movimiento se convierte en desesperación, apología de la fealdad, demonismo, etc. Y aquí se conecta la obra de Murnau.
Murnau construyó una obra fílmica considerada no solo cimentadora del séptimo arte, sino con logros que han sido clasificados entre los mejores de este. Realizó sus principales filmes en Alemania y, luego, en EEUU, específicamente Holliwood, donde reparó, por su exilio ante el acoso del nazismo y requerimientos de la empresa cinematográfica, y donde murió.
Entre sus principales realizaciones destacan Phantom (El nuevo fantasma), de 1922; Der Letzte Mann (La última carcajada), de 1924; Faust (Fausto), de 1926; Sunrise (Amanecer), de 1927, y Tabú, de 1932.
Nosferatu, sinfonía del horror, de 1922, podría considerarse la verdadera iniciadora de la tradición del vampiro en el cine, pues aunque existieron antes dos o tres intentos como el de Melliés en 1896, el de Vignola en 1913 y una húngara en 1921 (ver *), fue el filme de Murnau el que perduró desde entonces. Hablemos un poco de él a continuación.
La información fundamental acerca del filme de Murnau puede leerse en este enlace. Lo que me interesa destacar, en lo poco que puedo, es que Murnau (y su guionista) lograron una versión muy propia de la historia de Drácula de Bran Stoker (más allá del problema de autor generado luego y que prohibió la difusión del filme).
Recuerdo que cuando vi por primera vez el filme en formato 16 mm. (gracias a los cineclubes que existían entonces en mi ciudad), me impactó la imagen del vampiro, pues ya tenía en mi imaginario la de los filmes hollywoodenses. Este vampiro no solo es menos “fashion” (diríamos hoy), sino más cercano a la imagen expresionista nutrida por lo gótico medieval, tan parecida a alguna gárgola de las iglesias.
Siendo la primera versión de la novela Drácula de Stoker, Murnau logra, entre la influencia romántica de finales de siglo y el aporte de su formación, un vampiro que, a la luz hollywoodense, puede ser poco atractivo; sin embargo, de asombrosa presencia, y además, introduciendo un elemento de gran implicación, incluso hoy: la incertidumbre.
Agregar el factor del virus, a través de las ratas en el filme, tiene hoy mucha pertinencia, en lo que se refiere a la contaminación no advertida, como se plantea en el filme de Murnau.
Algunos fotogramas del filme:
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Si están interesados en ver el filme de Murnau, les dejo este enlace