Volviendo a los lugares personales entrañables de mi ciudad, Cumaná (Venezuela), como lo hice hace unos días con la calle La Luneta, retornando a la fuente nutricia de la memoria (cual "animal nostálgico" que soy), comparto un poema que tuvo como motivo un espacio de encuentro tradicional, el llamado "Hotel Astoria" (fue hospedaje, pero también pequeño restaurant, sobre todo, modesto bar), que significó mucho para mi generación, y seguramente para otras anteriores. Aunque local y personal, creo que puede tener algún valor más allá.
La ciudad, vértice y vórtice,
extraviada en el alma compartida,
la de los amigos que volaron,
la de los que fustigan el ahora.
la de los que sueñan.
La ciudad ida en el aire,
respirada por los guayacanes,
deseosa y serena
en la mirada de sus gatos,
primigenia en sus pasiones.
La ciudad hecha Astoria,
en su historia pequeña y grande,
de barra límpida y sola,
de locuras intachables,
de espléndida celebración.