El guardia custodia un sueño y con candidez pide el resguardo.
Una madre es esa que forjaría en el seno de una lucha, el carácter indomable. Esa mirada fija frente al televisor, pidiendo lo mismo, a sabiendas del amor que por él o ella sentía, mientras volaba hacia la eternidad.
Un padre lleno de nostalgia y acechado por la tortura del tiempo, que con sonidos quebrantados suspiró y dijo: “cuida siempre de mis hijos Señor”.
Aquella carta y el último abrazo que abrió un nuevo camino, -sellando un presente y mil futuros-. “Acepto que soy humano y he fallado, perdóname”.
Hoy corazones lloran al ver en los noticieros que muchos niños mueren en los hospitales, y que se encuentran junto al resto de nuestros ángeles en el cielo. Luego nos levantamos, y reflexionamos que seguimos en tierra, separados por la ruptura de un sueño que suplicó otras latitudes.
Yo estoy aquí, y persigo aquí, encontrando en cada latido de dolor y de sufrimiento, de alegría y de amor, de lucha y de esperanza, que Venezuela es parte de un equipo al que amo con locura, y que Carora es parte de una familia a la que me debo.
…
Pensé en dejar de escribir…, pero no puedo…, no puedo dejar de recordar a los caídos, y a los que mueren por negligencia en un Estado criminal.
Escrito por Jhon A. Romero.-