Un corto cuento lleno de sabiduría, espero les guste
Cuenta el que oyó esta historia, que no hace mucho tiempo en una pequeña población, en la costa de Viento Rico, ocurrió algo inesperado con la llegada de un hombre ruso de quien jamás se supo el nombre. Dicen que aquel día de abril caía una tempestad que ya llevaba dos días y medio, cuando este hombre de piel blanca como las conchas de las caracolas pisó la calle central con su figura delgada y caminó a paso lento con un plástico sobre su cabeza.
El ruso, como le dirían después, sin estar seguros de que de allí proviniera, entró al único hotel del pueblo y pidió una habitación a don Gaspar, su propietario.
—Quiero un lugar dijo, con su acento de otros lares, mientras ponía sobre la húmeda barra de madera vieja un billete verde con el número 100.
“Esto debe ser mucho”, pensó entusiasmado Gaspar.
Hace varios meses que en Viento Rico las deudas se habían instalado en cada casa y negocio. Todos acudían al crédito en medio de otra tormenta aún peor, que no llevaba dos días sino años, una crisis económica que a la par que crecía rompía lazos, distanciaba a los vecinos y sumía a los lugareños en el hastío de la desesperanza.
El ruso dio un vistazo al pequeño hotel y sus brillantes ojos azules se detuvieron de nuevo en la cara de Gaspar, quien le indicó el camino para ver las habitaciones.
Cuando el ruso subió las escaleras, Gaspar, sin haber cerrado el trato, cogió el billete y salió corriendo a pagar sus deudas a don Jairo, el carnicero
El dueño del molino cogió el billete y corrió a liquidar su deuda con Aleida, la enfermera
—Don Gaspar, aquí está la plata de la deuda. Muchas gracias dijo Aleida, mientras sacudía las gotas de agua de sus brazos.
En ese momento el ruso bajaba de su recorrido, miró a don Gaspar, y con tono sereno le dijo que ninguna de las habitaciones le había gustado, que buscaría otro lugar en un pueblo cercano.
Así que cogió el billete que Aleida acababa de poner sobre el mostrador y se fue caminando como un fantasma en medio de la lluvia, dejando atrás un pueblo donde nadie había ganado un centavo, pero donde ahora todos vivían sin deudas.
Quien invierte su dinero en acciones nobles, un día cosechará verdaderas riquezas.
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