LA ERÓTICA (Fin de la historia)

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     Con esto finalizo el relato La erótica, una deuda que tenía conmigo y principalmente con algunos lectores de esta comunidad, que quedaron esperando la segunda parte y que no había publicado porque no estaba seguro de lo que el protagonista, Felipe, haría para no quedar como un pervertido. Una segunda parte donde la rabia, el humor, la traición, la justicia y el amor hacen de las suyas.


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LA ERÓTICA II

     La noticia de que Felipe era un pervertido se regó y salpicó con dolor a la madre, quien atribuía la actitud de su hijo a la ausencia de una figura paterna:
     ─De haber estado vivo, su padre le hubiera enseñado que esas cosas no se hacen.
     La noticia favoreció a los padres de Cándida que aprovecharon para cortarle de un tajo todo tipo de comunicación con su exnovio:
     ─¿Qué hubiera pasado si te casas con él? Te imaginas, Cándida, hubiera querido tratarte como a una vaca, ¡por Dios!, menos mal y todo salió bien para todos, tu padre y yo nunca estuvimos de acuerdo con el noviazgo y ya vez que teníamos razón.
     Enemistó temporalmente a Cándida y a Candelario, a quienes se les prohibió hablar de Felipe.
     ─Candelario, dime que no es verdad lo que estás diciendo; no te creo, inventaste eso solo para que me hicieran terminar con Felipe.
     ─Si no me crees, pregúntale a la vaca.
     Pero la vaca ni bramaba ni nada cuando Cándida la observaba con actitud inquisidora, buscando una explicación para lo que había sucedido.
     ─¿Por qué con una vaca?, ¡ay, no!, Felipe, qué gafo eres. Por no aguantar hasta que yo saliera del liceo.
     Cándida hablaba y esta vez era la vaca quien la contemplaba, como si quisiera decirle algo, pero es obvio que las vacas ni pe ni pa, y a Cándida le daba rabia porque quería decirle sus cuatro verdades, gritarle lo celosa que estaba, llamarla bicha, aprovechada, facilonga, y mientras más insultos se imaginaba, la vaca rumiaba con mayor deleite como burlándose de ella.

***

     Con una de esas rabias la encontró Sebastián cuando regresaba a casa el siguiente día de la tragedia. Cándida no le creyó porque sabía que Sebastián estaba enamorado de la mamá de Felipe y haría todo por ayudarlo y por ayudarse a él para que Felipe luego lo ayudara con su mamá.
     ─Cándida, yo fui quien le expliqué a Felipe de la erótica. Él estaba preguntando porque necesitaba aprender para poder casarse contigo.
     ─Fue usted el que le dijo que lo hiciera con la vaca.
     ─¡No!. Solo le expliqué lo que era la erótica y, por bromear, le dije que practicara con árboles.
     ─¿Qué? o sea que también se pervirtió con árboles.
     ─¡No!, Cándida, cómo crees.
     ─Pero ahora todo el pueblo cree que es un pervertido y a mí me miran feo por haber sido su novia.
     ─Por eso vine, porque él me pidió que te consolara, soy su único amigo, lo que me hace tu amigo también. Él me pidió que te siguiera viendo, pero yo no lo hago por eso, lo hago porque sé que estás sufriendo.
     Cándida lo dejó hablando solo porque vino Candelario y se la llevó.

***

     En la casa, Cándida no pudo sacarle nada Candelario con sus amenazas. Estaba furiosa, con ganas de matar a la vaca, con ganas de matar a Felipe, con ganas de que no la obligaran a ir al colegio, tenía tantas ganas de nada que irrumpió en un llanto silencioso y profundo frente a su hermano, quien se asustó cuando ella lo abrazó en busca de fuerzas para contener su rabia.
     ─Tanto amas a Felipe. Creí que solo querías llevarle la contraria a nuestros padres.
     ─Al principio era así, pero ahora que tengo un vacío aquí dentro por lo que Felipe me hizo, ahora que no volveré a hablarle, ahora que recordaré que me engañó con una vaca, ahora que quiero matar a esa vaca; ahora sé que lo amo.
     ─Pero es un bruto que no quiso estudiar más, por eso mamá no lo ve bien.
     ─Es bueno, Candelario.
     ─Si lo fuera no te hubiera traicionado con una vaca.
     ─Fue mi culpa.
     ─¿Por qué fue tu culpa?
     ─Recuerdas cuando estuvimos en la ciudad, en casa de la tía Candelaria.
     ─Ni me lo recuerdes que por su culpa me llamo como me llamo.
     ─Esa vez yo la escuché hablar por teléfono con una amiga y le decía que las relaciones sentimentales debían ser eróticas para que funcionaran para toda la vida.
     ─¿Y eso que tiene qué ver con Felipe y su amor por la vaca?
     ─Que fui ya la que le pedí que aprendiera… eso…
     ─¿Qué?, a hacerlo con la vaca.
     ─¡No!, que aprendiera de la erótica o si no, no me casaría con él.
     ─Ah, y el bobo se fue a practicar con la vaca.
     ─Ya deja de molestar con eso. Él solo quería aprender para casarse conmigo.
     ─¡Vaya!

***

     Felipe estaba encerrado en su casa, atendiendo las sugerencias de Sebastián y los regaños de su madre; estaba furioso por lo que pensaba Cándida de él y para colmo llegó doña Agusmari, su madrina, llegó con la noticia de que una de las cabras de don Anselmo había sido derrengada y andaban diciendo que el presunto culpable era él, Felipe. No solo eso, hubo vecinos que de pronto recordaron que sus marranas habían malparido, que sus perros habían llegado golpeados o que a las gallinas le faltaban plumas en las colas.
     De pronto coincidieron en que sus animales habían sido malogrados de una u otra manera, que a lo mejor pasaba desde hacía tiempo, pero no se habían dado cuenta porque la providencia era tan acertada que esperó para hacerles ver a todos, en el mismo momento, y que el culpable lo pagara todo de un solo castigo. No faltó algún viejito cascarrabias que levantando en la mano el machete y en la boca, lo poco que lograba sacar de voz, discurseara diciendo que él iba a ser justicia con sus propios medios, que eso de la cabra no podía quedarse así, que agradecía que Dios le diera fuerza para volver a ver a la cabra, sana; a la marrana, pariendo; a los perros, alegres y a las gallinas, con todas sus plumas.
     Pero el viejito no hizo justicia porque de la rabia le dio un patatús y tuvieron que llevárselo de emergencias para la ciudad, se lo llevaron tan rápido que olvidaron quitarle el machete y en el hospital no lo querían recibir porque el viejo nada que soltaba el arma y para que no asustara a los otros viejitos con sus gritos, lo tuvieron que internar con su machete.
     Nadie hizo justicia con sus manos porque para eso llegó la policía luego de que los padres de Cándida fueron y denunciaran a Felipe. Los tres agentes que cumplían servicios en el módulo policial del sector, llegaron en dos motocicletas hasta la casa de Felipe, le dijeron a la mamá que lo más seguro era que lo imputaran por el delito de daño a animal ajeno y maltrato animal.
     ─Pero, por favor, perdónenle esta, ─hablaba Sebastián con figura paternal para que la madre del chico lo escuchara─ no es el único que ha pasado por una urgencia como la del caso ni será el último. Ustedes son hombres y… entienden.
     ─No será el único, pero es al primero que han denunciado por aquí y nos lo tenemos que llevar porque los dueños de la vaca dijeron que si nosotros no hacíamos nada, irían a la ciudad a quejarse con nuestro superior y no queremos que eso pase porque luego van a decir los jefes que nosotros no hacemos cumplir la ley, entonces luego nos mandan para otro sitio como castigo. Si me entiende, ¿verdad?
     A Felipe se lo llevaron hasta el módulo el policial que quedaba en el pueblo anterior de donde vivía, dijeron que lo tenían que tener allá un par de días, mientras lo interrogaban e interrogaban a algunos vecinos para ver si luego lo trasladaban a la ciudad o qué.

***

     El llanto de Cándida empezó al acostarse, eso fue al oscurecer, se prolongó hasta la media noche y entró en la madrugada. Candelario no podía dormir porque aunque lo hacía en otro cuarto, escuchaba el quejido por más silencioso que fuera. En la mañana llegó Sebastián a saber de ella. Los padres no estaban porque habían ido a declarar nuevamente en contra de Felipe. Candelario lo recibió, pero no quiso ir por Cándida porque sabía que ella había llorado toda la noche y no le parecía que Sebastián se tomara muy enserio lo de saber de su hermana, por eso cuando llegaron sus padres se los dijo, les dijo también lo que estaba sufriendo Cándida y lo que él pensaba de todo el asunto.
     Felipe llevaba dos días encerrado en el módulo; los vecinos que lo culpaban de los otros hechos, habían ido a ratificar sus denuncias. De modo que ya estaba listo para ser trasladado y eso se haría por la mañana del tercer día del encierro. Esa mañana todo el pueblo estaba frente al módulo policial, algunos querían despedir a Felipe, otros solo querían verlo; habían los que fueron de otros pueblos, querían saber cómo era el rostro de un zoófilo, pero se llevaron una decepción porque era un rostro igual que el de ellos, incluso parecía más inocente que el de cualquiera; y por supuesto que estaba la mamá y al lado, Sebastián, que había ganado acercamiento con la señora, gracias al apoyo que estaba dando a Felipe.
     Cuando lo sacaron para subirlo en la moto y trasladarlo a la ciudad, Candelario escuchó nuevamente el llanto de su hermana, ya para entonces sabía que no era el de Cándida, sino su propio llanto que se le había liberado en el pecho y que lo estaba ahogando si no hablaba. Se paró frente a todos y dijo que él no había visto a Felipe haciendo nada con la vaca, que él lo escuchó hablarle, pero que nunca vio que le puso la mano.
     Cuando Sebastián escuchó a Candelario, le dijo que ya no había nada que hacer, que Felipe estaba preparado para responder ante la justicia porque era un hombre, que todo iba a ser rápido y que el pueblo necesitaba volver a ser el mismo.
     Cuando subieron a Felipe a la motocicleta, los padres de Cándida hablaron y dijeron que retirarían la denuncia, que ellos le creían a Candelario y que solo habían aprovechado la oportunidad para hacer que Cándida y Felipe terminaran.
     Nuevamente Sebastián intervino y dijo que, por favor, ya no interrumpieran a la justicia, que cómo se podía reivindicar alguien como Felipe, si no le dejaban cumplir ante la sociedad.
     Después habló el dueño de la cabra y dijo que su animal nunca llegó derrengada, que ella era así desde que nació, que lo que estaba mal eran sus ojos y que ahora que usaba lentes, había recordado la verdad. También habló la dueña de la marrana, el de los perros y la de la gallina, afirmaron que se trataba de un error, que ellos estaban convencido de que Felipe era un buen hijo y que si habían comentado todo aquello fue por dejarse llevar por la corriente de los otros comentarios.
     Sebastián intentó persuadir nuevamente a la gente, pero la mamá de Felipe lo mandó a callar y le pidió a Candelario que repitiera lo que había dicho:
     ─Yo fui a buscar a la vaca antes de la hora porque Sebastián me dijo que la vaca estaba en peligro, que alguien se la quería comer.
     ─Y a mí casi me mata un patatús ─dijo el viejito del machete─ por creer que la cabra había sido violentada, y quien me hizo creer eso fue Sebastián.
     ─¡Ah!, ─dijeron los demás─, miren como son las cosas, Sebastián fue el que nos metió la idea de que Felipe era malo. ─¿Por qué haría eso?
     ─Yo lo sé, ─dijo la mamá de Felipe─ porque creyó que si yo quedaba sola, él tendría la oportunidad que me ha estado pidiendo desde antes de ser viuda. Por eso se ha comportado muy mal.
     Sebastián agachó la cabeza y confesó que era tal cual como había dicho la mamá de Felipe, se disculpó públicamente y esperó que lo denunciaran por el daño moral que le había hecho a Felipe, y como este solo quería volver a su casa y volver a ver a Cándida, Sebastián se fue del pueblo y nadie supo para dónde.
     Finalmente el pueblo volvió a ser el mismo, Felipe fue aceptado nuevamente como novio de Cándida, pero ya no pudieron verse más a escondidas porque además de los padres, los vecinos también los vigilaban.


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