Pico y Poco fueron al río, cada uno llevaba su caña de pescar y de sebo unas lombricitas a las que aún no habían sacado de sus terrones y por eso seguían dormidas, sin saber que los hermanos P como le decían a Pico y a Poco les tenían su plan mañanero: darles un chapuzón de agua fría en las corrientes del caudaloso río del pueblo.
Pico fue el primero en acomodar la caña, pero Poco se adelantó en escoger el sitio de pesca; de modo que iban empatados, uno a uno, como dijeron, porque siempre jugaban a apostar y jugando procuraron sacar cada uno a su lombriz, pero ninguna despertaba y ahí el juego se trancó.
Poco le dijo a Pico que picara el terrón y sacara su lombricita, pero a Pico no le gustaban las ventajas y propuso esperar a que despertaran; y acordaron que el siguiente punto sería para el dueño de la lombriz que saliera primero del terrón.
Para no aburrirse, Poco y Pico jugaron a lanzar piedras al río; competirían a ver quién llegaba más lejos. Lanzaron al mismo tiempo y para sorpresa de ambos, las piedras subieron, pero no bajaron; cayeron al río y se elevaron hacia las nubes porque extrañamente el agua había empezado a fluir hacia arriba.
Pico miró a Poco y Poco miró a Pico y como estaban mudos se pellizcaron para gritar, pero el grito no les salió y como estaban paralizados se calmaron y como aquello no podía ser cierto, pensaron que se trataba de un juego, que el río quería hacerles una broma, así que le lanzaron más piedras y no tuvieron tiempo de asombrarse porque del río empezaron a bajar peces de todos los tamaños como si el cielo hubiera abierto las redes para que bajaran todos los peces.
Pico y Poco volvieron a lanzar piedras y descubrieron que cada vez que lo hacían le pegaban a una nube cargaba de peces; que de inmediato se venían río abajo hasta llenar los posos. Con ese secreto tenían para vivir jugando toda la vida y como recordaron que habían ido a pescar, revisaron a ver si las lombricitas habían despertado.
Las lombricitas habían visto la cantidad de peces que cayeron del cielo y aprovecharon el descuido de los hermanos para fugarse. Cuando los P se dieron cuenta empezaron a buscarlas y como no las encontraban se entristecieron.
Las lombricitas iban apuradas, pero una manada de gaviotas las vio y se lanzaron hacia ellas; Pico y Paco notaron el vuelo de las aves, tomaron cada uno una piedra y la aventaron contra el río y como le dieron a una nube bien pesada, se desparramó agua abajo con una reguera de peces por todo el cielo. Las gaviotas, que nunca habían visto peces en el aire, aprovecharon, comieron y se fueron.
Como se desmayaron del susto, las lombricitas no supieron cómo se salvaron. Cuando despertaron estaban en casa. Pico fue el primero en gritar:
─La mía abrió los ojos primero que la tuya, ¡gané!
─¡Eh!, tramposo ─dijo Poco─, he visto que lo hicieron al mismo tiempo; es un empate.
Como las lombricitas ya estaban acostumbrados a los hermanos P, se rieron de ellos y se volvieron a hundir en el terrario.
Pico y Poco desde ese día almuerzan pescado frito, pero no contestan a nadie cómo es que todos los días van al río, pescan y traen de regreso a las dos lombricitas. Cuando les preguntan se miran y responden que con la boca llena no se habla.
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