He leído el libro hermoso,
al principio quería estar de una vez
en la página siguiente,
como un rayo.
Pero resulta que los rayos
cesan de inmediato,
que las praderas
no se incendian de un soplo;
resulta que como en todo cuerpo
el fuego necesita ayuda para expandirse.
Y he aquí que en este libro
aprendí la pausa,
a contemplar las líneas
que hacen de luna
en su lomo desnudo.
Y aunque, de entrada
me pierdo en su pasaje oscuro,
al regresar a sus orillas
un fuego tibio me ilumina
con la cadencia para apreciar
los instantes preciosos.
Un libro así, completo,
sugestivo, poético,
se ama por los días que vendrán;
con la avidez y la confianza
con que el dardo en el aire
se apasiona en la herida.
He amado tu cuerpo
que como un libro abierto
me ha entregado todo.
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