Con un cigarrillo entre mis dedos, las luces de la ciudad frente a mí, y el viento frío a mi alrededor siento a mi alma llorar un poco, solo un poco por aquellos a los que he abandonado con o sin intensión de hacerlo; por aquellos que me hicieron vivir un poco fuera de mi mente, que me hicieron reír y llorar, por aquellos que me hicieron continuar en este mundo y ya no están a mi lado.
Una lágrima se materializa en mi mejilla y humedece los recuerdos haciendo que vuelvan a vivir, les arranca el blanco y negro y me atormenta con los colores que hacen que cada grieta de mi alma duela, que cada grieta sangre anhelando que esos momentos regresen, mi alma se ahoga en esa lágrima dejando un rastro de soledad por el camino que nunca transita.
Exhalo el humo, ahoga a la ciudad frente a mí, quiero saltar por el barranco frente a mí, pero aún hay alguien que me detiene, hay alguien que aún sostiene mi mano, aunque o sé por cuando tiempo, solo espero que sea el suficiente para evitar que salte.