La invitación de las aves
Camina por el medio de la acera sin un destino. Solo quiere despejar la mente de miedos recurrentes. En las últimas tres semanas, sintió una intensa presión laboral. Cumplir con las metas auto impuestas lo abruman ante la posibilidad de fallar en el intento.
Observa alrededor rostros semi tapados deambulando como él. A ninguno le parece importarle el otro. Solo los ve caminar de aquí para allá, absortos en sus propios pensamientos, al igual que él.
Piensa en cómo capeará el mes siguiente si no logra las metas.
Una fuerte opresión lo embarga, y a pesar de las convicciones inculcadas, está a punto de llorar.
Retiene la respiración y acelera el paso con rumbo a la plazoleta. Espera arrojar allí la frustración en medio de los jardines, pero se contiene al ver los ojos tristes de una damisela.
Por momentos, olvidó sus problemas intentando desentrañar el mensaje de los cautivadores ojos que estaban posados sobre él. El verdor acaramelado le eran familiar, así que instintivamente meneo la cabeza en señal de saludo. Ella asintió de inmediato.
Ambos voltearon hacia el banco marrón al escuchar el trinar de un par de hermosas aves. Una de ellas llevaba una pajilla en el pico y de repente, ambas levantaron vuelo como insinuando la cesión del banco.
Él sin pena la invitó a sentarse, esperando con resignación una negativa, pero para su sorpresa, ella aceptó.
¿Donde quedaron las preocupaciones y temores?
Al despojarse de las mascarillas cayeron en cuenta de la razón de la familiaridad. Eran viejos conocidos de la escuela que con frecuencia intercambiaban miradas sin atreverse a entablar conversación.
La charla duró por varias horas entre anécdotas y risas. En definitiva, él echó los agobios y las tensiones fuera de sí en aquel jardín.
De regreso en casa, las metas se veían más cercanas, una energía renovante le recorría, impulsándolo a arrostrar cualquier obstáculo. Ahora, tenía el motivo, el carburante faltante, la ilusión del amor que en forma inesperada llegó con la invitación de las aves.
Fin
Una micro ficción original de @janaveda
Imagen de S. Hermann & F. Richter en Pixabay