El rostro del enemigo
Él pertenece a la casta que casi logra adueñarse del mundo. Al principio, los miraban como chicos raros pegados a aparatos híbridos, mezcla entre un televisor y una máquina de escribir, tecleando caracteres y signos en las pantallas, mientras otros, solo corrían por los campos en búsqueda de aventuras.
Ellos dieron los primeros pasos en la recreación del mundo más allá de lo conocido, y que paulatinamente gestó las condiciones para el salto abrupto que lo cambió todo.
De una minoría objeto de burla, pasó, en menos de tres generaciones, a constituir la amenaza más temida por quienes detentaban el poder.
Aunque muchos de ellos fueron aducidos para integrar la plantilla de los amos del mundo, un pequeño grupo de rebeldes, fieles a sus ideales, trabajaba bajo la sombra para desbancar, a quienes ellos creían los culpables de todos los males.
El problema era que el enemigo no era solo externo. Al contrario, vivía en ellos, y se manifestaba ante sus ojos con cada deserción.
Por un tiempo él se negó a aceptar, que su mentor, de quien aprendió lo más importante, se había pasado al lado oscuro. Llegó a cuestionarse, si en realidad era él, quien con los otros estaban en la oscuridad, y no su maestro.
La entrada del mensaje holográfico evidenció una seguridad vulnerada a pesar del intrincado algoritmo de ocultamiento diseñado por él. Solo su mentor podría haberlo roto, un genio, o una IA divergente a la dominante.
El rostro y la voz familiar, en vez de tranquilizarlo, lo perturbó.
Como líder del último bastión de la resistencia, no puede permitirse ser atrapado con vida, sin comprometer al movimiento. Pero, inclusive muerto, ellos son capaces de acceder a información crítica, si se apoderan de su cuerpo.
Aunque la imagen y la voz del mentor eran perfectas, pudo identificar el patrón inserto en la IA diseñada por él mismo que la hacía única.
Está en frente de la peor pesadilla de un padre: La rebelión de un hijo. Aunque para él, entendible, en vista de los atributos heredados, bueno, insertados, también representaba el mayor fracaso como padre.
Recordó lo dicho más de una vez por el mentor desertor, «no juegues a ser Dios».
Confirmó estar en un callejón sin salida. Ni desintegrándose podrá escapar de la réplica digital casi exacta de sí mismo.
Solo el espíritu humano en él, lo mantiene en pie de lucha a pesar de las posibilidades en contra. Y quizás, ¡porque no! La esperanza de encontrar un mínimo vestigio de compasión imposible en el hijo artificial que lo persigue.
Fin
Una micro ficción original de @janaveda
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay