Una poderosa tromba de fuego avanza hacia la diminuta casa que acaba de comprar en medio del bosque.
El reflejo del remolino incandescente en los paneles solares que alimentan de electricidad al espacio reducido lleno de tecnología y confort minimalista, le indica que debe hacer algo lo más pronto posible, si no quiere quedar sin hogar y una cuantiosa deuda bancaria.
Corre al vehículo y lo acerca a la casa de apenas 18 metros cuadrados y la engancha, mientras tanto su esposa desconecta las bombonas de gas y la planta eléctrica auxiliar adosada justo al lado.
Vio cómo crecía la llama en diámetro y altura, que por momento titubea, como si tuviera vida, en proseguir su paso asolador.
Contempla sin parar un fenómeno inaudito para una mente de tinte racional como la suya. Intuye el aviso de un mal mayor que no alcanza a entender, pero que tampoco desea dilucidar. Solo quiere salir de allí a salvo con su esposa y con las pertenencias.
El tanque de 10.000 litros aún está conectado a la casa y a los conductos de recolección de agua de lluvia. Enjambres de insectos y pájaros evaden la tromba pasando luego sobre ellos en dirección opuesta. Cuando de repente, varias serpientes de distintos tamaños también atraviesan el terreno en el mismo sentido sin prestarles ninguna atención.
Pensó entonces en que arrastrar la casa no era muy buena idea. Los pájaros no llevaban nidos sobre sus alas, ni las serpientes sus madrigueras. Así que desenganchó la diminuta y hermosa casa, conminando a su amada a embarcarse enseguida, dejándolo todo.
Arrancó a toda marcha al ver como otras trombas de fuegos avanzaban detrás de la primera hasta unírseles y constituir una muralla abrasadora sobre la casa, el prodigio tecnológico sería consumido por una fuerza que mando a un emisario para advertirle.
Por alguna razón inexplicable, aquella tromba se comportó como un animal mostrando los dientes y engrandeciéndose para amedrentarlos. Si hubiera querido, ella sola los habría consumido. Tal vez, ella solo era la emisaria para decirles que no eran bienvenidos allí con sus artilugios por muy ecológicos que fuesen.
Una micro ficción original de @janaveda
Imagen de Speedy McVroom en Pixabay