El lado oscuro de la Ciencia

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Esta entrega es una breve interpretación del escrito elaborado por el filósofo moderno Edgar Morín, quien a través de su reiterada visión crítica de la Ciencia, escribió un texto que tituló “El lado malo de la ciencia”. En realidad, no hay nada malo con la ciencia, sino que hay conflictos en la manera como las personas aplican los resultados científicos, sin otorgarle supremacía a una consolidada ética de la ciencia.





El progreso que ha traído la Ciencia a la humanidad es tan significativo como los atentados que se han originado a partir de ella. Por ejemplo, la ingeniería genética ha permitido avances en cuanto a la discriminación racial, motivando a las personas adineradas a que elijan las características físicas de sus hijos a través de la inseminación artificial. Sin embargo, esto no es tan grave como los genocidios provocados gracias a los potentes armamentos fabricados al servicio de la ciencia.



De este modo, las ciencias naturales son el respaldo intelectual de la elaboración de sofisticadas armas de todo tipo: tradicionales, biológicas, dotadas de inteligencia artificial, y las atómicas; sabemos que estas últimas podrían acabar con la totalidad de la especie humana. Todo lo anterior, porque la ciencia se ha utilizado con fines políticos y económicos, dejando a un lado la defensa de la humanidad.

LA FRAGMENTACIÓN INTELECTUAL


Cuando el conocimiento científico progresó a lo largo de los siglos, se dividió en áreas específicas en las que los hombres centraron su atención, de allí las famosas ciencias naturales: física, química y biología. No obstante, especializarse demasiado en un área genera limitantes para ver situaciones o conflictos de manera global e integral, restringiendo el potencial creativo de la mente. De la misma manera, está fragmentación ha propiciado que se abra una gran brecha entre las ciencias naturales y las sociales, las cuales, trabajando en conjunto generan más bienestar para la humanidad.
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Debido a la gran proliferación de redes sociales y la manera como el conocimiento fluye a través de ellas, conocer el autor intelectual de algunas teorías o descubrimientos hoy en día suele ser un problema. Recordemos que las ondas electromagnéticas que le dan vida al internet, son un extraordinario producto de la ciencia, pero a medida de que esta tecnología se hace más sofisticada, el reconocimiento de la producción intelectual inédita tiende a mermar. En otras palabras, la información científica es vulnerable al plagio, y en otros casos, es reproducida por miles de cibernautas, hasta que los genios detrás de esas ideas brillantes quedan condenados al anonimato.
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Es así como estos tres llamados de atención son una alerta para comenzar a producir el conocimiento desde una visión holística, y siendo cautos en las repercusiones de lo que hacemos o escribimos.
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Bibliografía consultada
Morin, E. (1984). Ciencia con consciencia. Barcelona: Anthropos.

Nota: Las imágenes son libres de derechos de autor.
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