Venezuela... Venezuela... Venezuela... ¿Cuántas cosas se pueden decir de un país como este? Puede que pensemos en mujeres bellas y en el Miss Universo, pero de un tiempo para acá esto ha cambiado, y Venezuela se ha convertido en sinónimo de otras muchas cosas. La intensa búsqueda de la comida se ha vuelto una total Odisea, ni Ulises buscó durante tanto una harina pan tanto como un Venezolano.
Todo comienza alrededor de las 3 de la mañana cuando te paras de tu cama pensando que será un excelente día, y de un momento a otro te das cuenta que no tendrás un día normal y deberás de estar constantemente viendo la nuca de un desconocido que a la fuerza quiere comenzar una conversación contigo referente a la inflación, y con suerte al final del día pueda este mismo señor ser el padrino de tus hijos, la cercanía que se tiene en las colas no se consigue ni en una primera cita.
Luego de que puedes superar las conversaciones incómodas con desconocidos y al colocar una sonrisa patéticamente correcta comienzas a pensar que el mundo se va a acabar, no has desayunado, las piernas te tiemblan, el sol está en su máxima expresión, pero como estamos en Venezuela en cualquier momento puede llegar una nube y mojarte, lo que logrará que con el cambio de temperatura te pasmes y mueras en el acto, quizá no sea tan malo...
Como si esto no fuese suficiente te das cuenta que la cola nunca avanza, porque adelante están lo que llaman "Bachaqueros" que es una plaga más terrible que las 7 de Egipto y las cucarachas, arrasan con todo y obviamente con tu comida.
¿Luego de todo esto sabes qué es lo peor? Nada te garantiza poder comprar comida, puede ser que se acabe al llegar a la puerta y debas devolverte a tu casa con el estómago vacío y dejando sin esperanzas a quienes te esperan en casa, pensando que podrían alimentarse el día de hoy.
¿Pero qué más queda? Intentarlo al día siguiente, o tumbar a Maduro al maldecirlo cada 3 segundos.
Alex Bauded